Silencio en el aniversario de la muerte de Lino Oviedo

Oviedo dejó un vacío en la política criolla, donde emergió como líder, hasta que la muerte truncó su gran deseo de ser Presidente, mientras sus detractores le acusaban de demagogo y corrupto.

Unos hablaban este martes del tema reelección presidencial, otros del zika y de la caída de la dictadura en 1989, pero casi nadie se acordó de la muerte de Lino Oviedo ocurrido hace tres años, poco antes de las cruciales elecciones presidenciales donde, según partidarios basados en encuestas, el héroe que derrocó a Stroessner era firme candidado a Presidente de la República.

Oviedo falleció en un accidente aéreo el 2 de febrero de 2013, tras caer el helicóptero en el que retornaba de Concepción, adonde había ido ese mismo día a una reunión política con partidarios norteños.

La tragedia ocurrió en una estancia del departamento de Presidente Hayes, a media hora de vuelo del aeropuerto de Luque, donde a la medianoche le aguardaba un reducido grupo de leales y guardias para conducirlo a su búnker en los alrededores.

En un abrir y cerrar de ojos, uno de los “Carlos” que integraba el grupo de generales que se sublevó contra Stroessner en 1989, falleció sorpresivamente, sepultando la expectativa de millares de seguidores y dejando sin líder al movimiento Unace, que de esta manera prácticamente desapareció de la competencia política y eleccionaria.

La muerte de Oviedo no terminó con la crónica policial y el informe fiscal, porque partidarios y familiares señalaron que se trató de un atentado artero y premeditado de opositores políticos, con el objetivo de frenar por la violencia la carrera de quien figuraba en las encuestas como fuerte candidato a Presidente del Paraguay.

“Fue un magnicidio”, afirmó entonces Ariel Oviedo, hijo del presidenciable que se candidataba como parlamentario, al anunciar una investigación paralela “para que se sepa que a mi padre lo mataron”.

Oviedo era reconocido como un militar duro, formado en las mejores academias, de donde egresó con notas sobresalientes.

Esto le mereció la consideración de su jefe, el general Andrés Rodríguez, quien le mantuvo en su círculo de poder y, con el tiempo, se convirtió en su amigo personal con quien compartió iniciativas y negocios que convirtieron a ambos en multimillonarios.

Oviedo siempre fue blanco de críticas, especialmente por su presunta vinculación con el lavado de dinero y el contrabando, entre otros rebusques que, según sus detractores, le ayudaron a acumular una fortuna incalculable que hoy día pelean sus descendientes.

Su muerte significó el final de una carrera intensa, matizada de fervor, populismo y lealtad exacerbada por un discurso plagado de demagogia, que en todos los casos hablaba del fin de la pobreza y oportunidad para todos.

El silencio de sus partidarios en el tercer aniversario de su muerte ahondó la ausencia de un hombre misterioso que en su paso terrenal generó tantos incondicionales como detractores.

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