Sepultada la enmienda, la politiquería corroe los ámbitos de poder y paraliza a la nación

El modelo político imperante acumula indignados, en medio del furor ocasionado por políticos interesados en el poder que diagraman estrategias para captar votos, mientras las necesidades se multiplican al ritmo de la ineficiencia de las autoridades.

Como si mañana se hubieran realizado las elecciones presidenciales, el ambiente político nacional no se detiene en su carrera ansiosa por ganar espacios de poder.

La Constitución Nacional establece el lapso legal de inicio de campaña proselitista, pero en la práctica no se aplica, y de esa manera cada sector hace lo posible y lo imposible por formar y consolidar una imagen que, en todos los casos, se presenta ante la opinión pública con sofismas y falsedades.

Se trata de una práctica conocida de la política criolla que ha permeado todos los gobiernos “democráticos” para mantenerse firme en el tiempo, ante el amparo de la fraternidad interesada.

El auge de las construcciones y la dinámica país prácticamente se han llamado a silencio, salvo contadas excepciones, como la inversión privada, la erección de viviendas por parte de la Senavitat, algunas rutas en camino de modernización, y programas sociales destinados a personas vulnerables.

Múltiples proyectos de desarrollo, como el mejoramiento del vetusto aeropuerto internacional Silvio Pettirossi, están trancados en la burocracia y en sospechas de irregularidades.

A esta altura del tiempo, cuando falta menos de un año para que el Paraguay tenga nuevo presidente de la República, el ambiente ciudadano se ha alterado significativamente, alentado por sectores que buscan sacar tajada del electorado a través de líderes que hacen escuchar sus intenciones, muchas de ellas de conocidos e igualmente falaces argumentos, como aquellos que prometen erradicar la corrupción y luchar por una mayor seguridad, justicia y bienestar ciudadanos.

Del otro lado, las necesidades se han multiplicado en todos estos años, especialmente en los sectores rural y urbano, que enfrentan un problema común: La falta crónica y crítica de empleo.

Ni bien asumió el presente gobierno de Horacio Cartes, las puertas de la administración pública se han cerrado con llaves para el ciudadano común.

“Trabajo cero” en las oficinas del Estado ha sido la constante en estos cuatro años de gestión cartista, quien por otro lado alienta la inversión privada en un coto harto limitado para la demanda multiplicada de ociosos que reclaman espacio laboral.

Como en los viejos tiempos, familiares y recomendados de los detentadores del poder son privilegiados con puestos y cargos, importantes salarios y beneficios sociales de primer mundo, muchos de ellos haciéndose multimillonarios como los aduaneros, mientras la inmensa legión de paraguayos sufre las secuelas de un modelo de gobierno injusto y discriminatorio, cruel y desleal.

 

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