Señales de descontento popular que no favorecen a Cartes

Una mala gestión de gobierno provoca malas heridas a la gente que confía en sus autoridades. El descontento popular debe reencauzar rumbos y hacer reflexionar a las autoridades superiores sobre la necesidad de administrar el país sin discriminaciones ni favoritismos.

Desde hace un buen tiempo, el descreimiento con ánimo de desesperanza por mejores vientos para el negro horizonte social del país se ha apoderado de una buena parte de la población paraguaya, especialmente aquella que se mantiene ajena a los avatares de la política y otras actividades donde falta de todo.

Una parte del descontento se observa en los actos de Gobierno, donde Cartes aparece rodeado de un mullido regimiento de aduladores, de esos que nunca faltan, y también la presencia, cada vez más repetida, de gente crítica, ya sea vecinos, agrupaciones campesinas o sectores sociales que reclaman mejores niveles de vida.

Se trata de una señal clara e inequívoca de que algo anda mal, o todo, según sea la naturaleza o el origen de las reivindicaciones exaltadas.

Aspectos sensibles de la vida país, como la falta de trabajo, el mejoramiento y la ampliación de servicios básicos, el reparto racional de la riqueza, la lucha contra los saqueadores del Estado y una justicia soberana alejada de la contaminación política, son algunos de los principales reclamos.

El pueblo también pide una «selección nacional» gubernativa conformada por «buenos definidores» y un «director técnico» eficaz y patriota, que tenga en cuenta no solo los intereses de los poderosos sino el deseo de mejora en el nivel de vida de millones de compatriotas, que pasan sus días deshojando margaritas y contando estrellas mientras catean el espacio para ver dónde está el rumbo que les prometieron.

El ruido de la batucada oficial pierde sonoridad con el correr de los días, en un escenario político complejo, azuzado por las próximas internas del Partido Colorado en el poder, donde el Presidente de la República protagoniza una lucha aparte, no con la oposición de Gobierno, sino con sus propios correligionarios, por tomar el control de la Junta de Gobierno, base y esencia del politburó republicano.

Para Cartes, quizás más que a cualquier otro presidente colorado que le precedió en el cargo de Jefe de Estado, las próximas internas partidarias de julio aparecen como fundamentales para sostener el tejido de poder.

Si gana, podría no haber novedades de bulto en cuanto al rumbo de gobierno, pero si pierde, podría estar en juego su destino como presidente, por la amenaza bajo la mesa proferida por no oficialistas de sentarle en banquillo de acusados bajo la posible figura del juicio político, que muchos descartan como descabellado, más aun teniéndole a Lugo jugando a las escondidas en los pasillos del Congreso, y a perifoneros que se encargan de propalar el probable rekutú del polémico ex obispo demandado por múltiple paternidad.

Es importante para Cartes culminar su periodo de cinco años de gobierno con las muchas promesas cumplidas, por el bien de la patria.

Sin embargo, antes de ello, debe experimentar el apoyo sincero de la ciudadanía que depositó en el mismo su voto y confianza para ungirlo presidente, y demostrar en el terreno que lo suyo no fue resultado de una aventura política, como producto de la improvisación instalada por alcahuetes de la talla de Kalé y una inmensa legión de oportunistas.

Cartes tiene tiempo aun de reivindicarse ante la gente, y debe hacerlo sin más pérdida de tiempo, antes de que el descontento madurara reacciones más radicales y, tal como ocurriera históricamente, se pierda nuevamente un tiempo valioso para mejorar el país, desperdiciándolo en peleas y críticas que pudieron haberse evitado con el mismo tino e inteligencia de gestión aplicados en sus empresas exitosas.

 

 

 

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