Ribereños, a merced de la crecida, carencias y enfermedades de época

Los ribereños afectados por la crecida se niegan a dejar sus viviendas anegadas por la mala experiencia de que, ni bien se reinstalan, entran rateros y ladrones, llevándose lo poco o lo mucho que han dejado mientras bajen las aguas.

De forma lenta, pero segura, se incrementa con el paso de los días la cantidad de familias damnificadas por la crecida de los ríos, instalando riesgos multiplicados de enfermedades de estación que, sumados a carencias generadas por la pobreza, configuran un cuadro desalentador del “otro Paraguay”.

El informe de afectados señala que, hasta el momento, la cifra orilla las 40.000 familias, la mayoría de ellas perteneciente a los bajos de Asunción.

En un primer momento, la presencia de cuadrillas de asistencia de la Secretaría de Emergencia Nacional eran repetidas, pero con el paso de los días aparecen con menor frecuencia, en medio de la preocupación por el desembarco del frío, que toma desprevenidas especialmente a personas vulnerables, como niños y ancianos.

La lluvia de la semana anterior “colaboró” para expandir la humedad en las zonas de riesgo, donde persiste latente la amenaza de las epidemias de moda, como el dengue y la chikunguña.

A más de ello, han hecho aparición en escena enfermedades propias de la estación invernal -que se inicia oficialmente este domingo- para causar afecciones respiratorias, ante el desabastecimiento de medicamentos en los hospitales públicos y la insolvencia de las familias afectadas para adquirir los remedios en las farmacias de plaza.

La Dirección de Meteorología ha anunciado un periodo de receso en la dinámica de crecimiento de los ríos, especialmente a partir del próximo mes de julio, como consecuencia del menor índice de lluvias previsto para las regiones de Brasil donde nacen los ríos Paraguay y Paraná.

Muchos, sin embargo, dudan del informe meteorológico oficial, teniendo en cuenta las constantes contradicciones acerca de pronósticos y perspectivas del estado del tiempo y el clima.

La oficina pública había anunciado en marzo pasado agudos problemas a ser ocasionados por El Niño, anunciado para el extenso lapso comprendido entre julio y noviembre.

Sin embargo, nada de ello ocurrió, e incluso ahora se afirma que el fenómeno atmosférico y climatológico viene frenado, lo cual seguramente resultará en una menor perspectiva de riesgo de inundaciones y, con ello, la multiplicación de damnificados y su carga de necesidades.

En la eventualidad, la SEN dio a conocer un programa de ubicación de inundados en cuarteles y otros sitios públicos debidamente acondicionados, ante la negativa mayoritaria de los potenciales afectados por las crecidas que, en base a experiencias pasadas, temen que cuando dejen sus casas ingresen rateros y ladrones para llevarse lo poco o lo mucho que han dejado antes de mudarse provisionalmente.

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