Políticos postergan el país y arrancan la pelea para el 2018

Comenzó la caza de votos en Paraguay, en una temprana carrera por el poder cuando faltan aun dos años para las próximas elecciones generales, y como si el país marchara sobre ruedas.

Cuando faltan dos largos años, y el país se debate en un entorno minado de necesidades, inseguridad, corrupción e impunidad, la clase política ha comenzado a dar rienda suelta a su tradición proselitista, enfrascándose en negociaciones, discusiones y peleas en busca del preciado poder.

Sin discriminación, los partidos tradicionales y los de perfil popular con deseos de poder buscan las posibilidades de lograr mayoría, mientras otros procuran alianzas, para poner en práctica un sistema que ha dado resultados en otros países, y en Paraguay sorprendió en el 2008 con un frente opositor que contra viento y marea ungió a Fernando Lugo en el cargo de presidente de la República.

Sin pérdida de tiempo, la carrera proselitista se puso en marcha en este país donde la política es parte de la rutina, y donde las prioridades para el mejoramiento de la infraestructura (una de las más bajas y pobres de la región), las ofertas laborales para todos, el saneamiento de la función pública y la lucha contra la inseguridad arrastran una postergación histórica.

El término en boga es “rekutu”.

Se habla con insistencia sobre la posibilidad de que los ex presidentes vuelvan al soñado cargo, e incluso el actual, que dice no tener intenciones de hacer el bis, pero los hechos señalan lo contrario.

En esta tesitura, el cambio de la ley que prohíbe el rekutu presidencial en Paraguay sería un asunto de consenso, lo cual, de aprobarse, no llamaría la atención en un ambiente donde todo es posible a la hora de sacar beneficios personales o sectarios de parte de los detentadores de poder.

Habrá que esperar en todo este tiempo declaraciones por doquier, acusaciones, peleas y disputas encontradas, como si no hubiera problemas que merecen igualmente discusiones para encontrar la respuesta que reclama indefinidamente la ciudadanía.

La clase política está preparada para consumar su desafío más importante, que es juntar prosélitos, y al país le esperan seguramente otros dos años en el limbo.

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