Paliza del Senado obliga a Cartes a variar tacto político y conducta personalista

Cartes debe asumir que su ex amigo Kalé, el mismo que le entronizó en el cargo, está en la vereda de enfrente y, antes que abrazo republicano, le ha sometido a un doloroso «cabezazo» que obliga al Presidente a replantear su rumbo.

La derrota aplastante cosechada por el oficialismo colorado en la elección de autoridades del Senado obliga al presidente Horacio Cartes a contratar de forma urgente asesores de peso para que le instalen conciencia acerca de la importancia de tener en cuenta todos los frentes de lucha si quiere continuar en el más alto cargo de gobierno.

Cartes no puede darse el lujo de tener que estar pendiente de sondeos para saber si continúa teniendo la preferencia de la gente.

La delicada tarea de tratar de levantar los guarismos de este país castigado por la pobreza, la falta de infraestructura, la inseguridad y la falta de puestos de trabajo, ameritan una reflexión profunda del Presidente, en el sentido de reorientar su rumbo personal con mejores posibilidades de éxito.

El drástico desapego de 15 senadores colorados del carro oficial, para enquistarse en una corriente contestataria que se arroga derechos y canta victoria, ya hubiera sido un alerta amarilla que indique un camino distinto a la vía actual que conduce a un estrepitoso fracaso.

Cartes, fiel a su fama de terco y caprichoso, soberbio y petulante, según se den las circunstancias, se ha empecinado en instalar un sistema de gestión basado en el personalismo, rodeado de una “selección nacional” que poco o nada aporta en las generales del poder.

Se desconoce la valoración que pudo haber tenido de lo que significa presidir la Cámara de Senadores, a tenor de la falta de dinámica del oficialismo para tentar mejor suerte que la adversidad avasallante cosechada en ese estratégico espacio de poder estatal.

Aunque no lo quiera, Cartes tiene que acostumbrarse a convivir en un ambiente de disenso, como el que significa estar rodeado de la caterva política siempre sedienta de cargo y poder.

También está obligado a bancarse la resistencia de sus correligionarios contestatarios, quienes le reclaman decisiones autoritarias, por detrás o afuera del debido consenso entre partes, que debería ser norma en instancias democráticas, más aun las de orden representativo.

Cartes ha nombrado a dedo su candidato a presidente de la Junta de Gobierno en las próximas internas del 26 de julio, con la apuesta de una segura victoria, posiblemente basada en el poder del dinero y el apoyo de la estructura logística de Estado y de Gobierno.

Sin embargo, la dura resistencia opositora interna anuncia una confrontación reñida y compleja, con pronóstico reservado.

En medio de este estado de cosas, el país no puede esperar ningún embelesamiento o descuido en la gestión de gobierno, que, así como están las cosas, presenta politiquería para rato, como si la falta de trabajo, la pésima infraestructura y servicios, los altos precios de la carne y los hortifrutícolas, la inseguridad y los desabastecimientos de medicamentos en los hospitales, entre tantos otros infortunios que castigan a la población, pueden esperar sentados, mientras el Presidente y su entorno intentan imponer un estilo de gobernanza “a lo Paraguay”.

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