“Nos estamos hundiendo; dónde coños están los organismos internacionales”

La violencia se ha desbordado en las calles, donde reina la anarquía y el poder del más fuerte. La carestía acecha, y el Gobierno culpa al imperialismo, en una escalada de agresiones con pronóstico indefinido. (Foto: Telemundo).

Con esta frase, una manifestante revelaba ante medios de prensa internacionales el estado de ánimo de una parte del pueblo venezolano, que se ha levantado en rebeldía contra las instituciones del Estado y clama por el advenimiento de la pacificación nacional con el respeto a la Constitución y a los intereses de la gente, postergando o despojándose del patrioterismo desparramado en el buró revolucionario mientras el fracaso tiñe de muerte y dolor la ideología bolivariana preconizada por el chavismo y sostenido contra viento y marea por el presidente Nicolás Maduro.

“No tenemos medicinas ni alimentos, y la seguridad se ha desbordado por la acción de bandas delictivas que actúan impunemente porque la justicia se ha puesto del lado del poder”, se quejó otro manifestante, mientras sostenía un cartel alusivo que decía “El pueblo tiene hambre”.

Colas diarias de consumidores se levantan amenazantes diariamente en el otrora acaudalado y reluciente país caribeño, que en su época de esplendor bullía de riqueza y el nivel de vida de la población era tan elevado que analistas internacionales lo comparaban con países del primer mundo.

Hoy día, la situación se ha deteriorado a tal punto que las raciones alimentarias se han reducido al mínimo, al igual que los medicamentos y la logística doméstica, generando disturbios permanentes que ponen en vilo la seguridad poblacional, mientras la claque gubernamental se dedica exclusivamente a culpar a terceros y esgrime pretextos ideológicos para justificar el descalabro que se observa a simple vista.

“Hemos pedido al mundo, a través de nuestros representantes democráticos, que nos ayuden a superar este estado de cosas, pero los organismos internacionales se han llamado a silencio. Parece que tienen el mismo miedo que Maduro nos quiere meter, pero les decimos a todos que no vamos a bajar los brazos”, señaló un indignado social caraqueño en medio del mar de descontento social patentizado en las calles de la capital venezolana.

El presidente chavista alega sentirse traicionado por un sector de la ciudadanía a la que culpa de plegarse a los intereses del “imperialismo”, término acuñado en hierro en el entorno del poder, que con el eslogan de “la revolución” ha transformado a Venezuela en un laberinto impredecible que puede estallar en cualquier momento, como colofón de una aventura ideológica que se fue degenerando con el correr del tiempo, hasta llegar a niveles decadentes de gobernabilidad en pleno siglo XXI.

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