Narcos y rolleros convierten en territorio liberado valiosa reserva forestal

Madera extraída ilegalmente de la reserva forestal, a punto de ganar el río para ser trasladada por detrás de los inoperantes puestos de control. El extenso parque ha sido tomado como territorio liberado por hordas de depredadores, ante la ausencia del Estado. (Foto: ABC Color).

Un operativo interinstitucional entre el Ministerio Público, Ministerio del Interior y Policía Nacional destruyó extensas parcelas de cultivos de marihuana, en estado de cosecha, en diferentes puntos de la reserva forestal Parque San Rafael, en el departamento de Caazapá.

La droga fue destruida en el mismo lugar de intervención por orden de la fiscala interviniente Marta Leiva, de la Fiscalía regional, aunque el informe del caso no alude a detenciones.

Además, fueron incinerados 500 kilogramos de la droga vegetal dispuesta en panes o ladrillos, además de prensas elaboradas de forma precaria, dos campamentos improvisados y 300 kilos de marihuana picada, que en el momento de la operación se encontraban expuestas al sol, para el secado correspondiente. Entre otros elementos encontrados se cuentan vainillas de escopeta calibre 12 mm, y otros utensilios utilizados en la cadena productiva de la droga, fabricados manualmente.

La reserva San Rafael, que forma parte de la ecorregión Bosque Atlántico, se trata de uno de los lugares más amenazados del mundo por la depredación de los bosques nativos y con ella el peligro de extinción de unas 400 especies de aves.

El reconocimiento internacional de la reserva San Rafael como uno de los lugares biológicamente más importantes del mundo, en los hechos no tiene mayor significancia para las autoridades nacionales e incluso organismos no gubernamentales, debido a la grave desprotección del sitio, que es aprovechado por la mafia para la explotación de apreciadas especies de madera y el tráfico de droga.

En la enorme extensión de 73.000 hectáreas se encuentra una cincuentena de propietarios privados dedicados a la agricultura y la ganadería, entre otras actividades lícitas, frente al acoso de las organizaciones delictivas que han tomado el extenso sector como territorio liberado, ante la pasividad de la Policía, las gobernaciones de Caazapá e Itapúa, la SEAM y el Ministerio Público, entre los principales órganos con poder de intervención que permanecen tácitos.

La preservación de este territorio es considerado también de vital interés para la población indígena y el futuro de la región como santuario y refugio permanente o periódico.

La falta de sensibilidad de las autoridades es apreciable a simple vista, con el paso periódico de grandes partidas de rollos, posiblemente extraídos ilegalmente, que surcan impunes los inoperantes sistemas de control forestal y policial establecidos en las inmediaciones.

La marihuana cuenta también con su propio sistema de producción garantizada, debido a la falta de una política de Estado que asuma y enfrente con la ley y la fuerza el esquema mafioso que impera campante en el interior de los montes.

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