Los campesinos piden “ayudo” supuestamente para revertir los malos resultados de la agricultura por culpa de la lluvia, la sequía, incendios y tantos otros argumentos que, según la ciudadanía, se trata de una historia repetida que solo busca dinero que nunca será devuelto.

En una saga interminable que comenzó al mismo tiempo que cayó la dictadura de Stroessner, grupos organizados de campesinos se concentran nuevamente estos días en Asunción, en reclamo de reivindicaciones económicas y sociales.

Se trata de un ritual repetido varias veces cada año, siempre con el mismo resultado: Se embolsan millones de guaraníes en “préstamos” que seguramente tendrán el mismo resultado que “cosechan” cada año: fracaso de todos los supuestos emprendimientos familiares, y siempre con los mismos argumentos: frío, calor, lluvia, tormentas, ataque de plagas, falta de asistencia técnica, ausencia de mercados de comercialización, abandono del MAG, y tantos otros.

Este miércoles, “sensibilizados” por los reclamos de los chokokue, Diputados atiende un pedido de préstamo multimillonario para los manifestantes, entre ellos dirigentes ideológicos radicalizados de quienes poco o nada se sabe acerca de alguna actividad laboral lícita rentable más que desembarcar sistemáticamente una o dos veces al año sobre la capital en busca de “ayudo”, cuyo destino se desconoce, teniendo en cuenta que ellos no rinden cuentas a nadie y, en todo caso, los compromisos asumidos con sello y firma ante organismos crediticios estatales que ofician de cajas generosas (porque los fondos seguramente nunca serán honrados) al final solo sirven para llenar biblioratos que irán a parar a la basura después de las consabidas condonaciones, que seguramente llegarán, más tarde o más temprano.

Un episodio diferente se produce en estos mismos momentos en la ciudad de Horqueta, donde radio Guyracampana informó acerca de un retorno del 93% de fondos otorgados por el Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) de esa ciudad norteña en calidad de préstamos a humildes cuentapropistas o emprendedores familiares, a más de campesinos que realmente quieren salir de la pobreza con su esfuerzo y perseverancia.

“No quieren trabajar, solo quieren plata”, se le escuchó decir este martes al propietario de un kiosko de Asunción interrumpido en su trabajo por la marcha de los campesinos.

Opiniones similares se viralizan a través de las redes sociales, donde la ciudadanía lamenta la cultura de mendicidad instalada en sectores campesinos incentivados por políticos, por un lado, y por otra parte la “sensilidad” demostrada con la plata de toda la ciudadanía para solventar, cada año, los reclamos campesinos, sin ningún ánimo de poner fin a este lamentable y perjudicial esquema existencial.

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