Mario Vega, amigo y recomendado del polémico ex ministro Friedmann. “Vengo para erradicar la corrupción”, dijo al asumir el cargo hace un año, y hoy día sale por la puerta de atrás con sonoras denuncias de corrupción, al igual que casi todos sus predecesores.

Un enorme, antiguo, impune y siempre bien parado búnker generador de riqueza rápida para los amigos del poder sigue tan campante con el paso del tiempo, a pesar de las irregularidades que con cada titular de la institución saltan a la vista solo a través de la prensa.

Se trata del infortunado Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert, antiguamente Instituto de Reforma Agraria IRA, y después Instituto de Bienestar Rural IBR).

Después de la dictadura, el ente encargado de la reforma agraria y de solucionar el grave problema de la tierra en el Paraguay, ha cambiado varias veces de nombre y de presidentes pero, que se sepa, ninguno de ellos dejó el cargo con honores, como se esperaría de algún patriota o autoridad honesta, transparente y celosa por el cuidado de la cosa pública, en este caso los recursos presupuestarios y las tierras entregadas, tituladas o en proceso de legalización.

Todos a una debieron abandonar ese antro de corrupción por la puerta de atrás, manchados por el mismo veneno de la corrupción, especialmente la coima.

En el largo prontuario de sabandijas que oficiaron de titulares del ente figuran, por ejemplo, Luis Ortigoza, Justo Cárdenas, y tantos otros que les precedieron en el jugoso cargo, salieron multimillonarios de la función pública y se mantienen impunes, peleando por sus blanqueos con la generosa ayuda fiscal.

El espíritu de “Papacito” Frutos se ha impregnado en las dependencias del actual Indert, donde se han vuelto rutina los casos de mala praxis en el manejo de expedientes, especialmente en aquellos caratulados legítima o artificialmente de “complicados”, donde salen a relucir las uñas filosas de jerarcas por echar mano de beneficios espurios, bajo variados e ingeniosos argumentos que, en todos los casos, desembocan en corrupción.

Para no variar, y continuar campante con el festival de abusos, el presidente de turno, Mario Vega, fue imputado por un caso históricamente repetido en el Indert: “cohecho pasivo agravado”, y posteriormente echado del cargo por el presidente Abdo Benítez.

Vega proviene de la rancia estirpe política oficialista colorada y desembarcó en el ente técnico de la mano del polémico senador Rodolfo Friedmann, amigo de Marito.

A poco de asumir el cargo saltaron las primeras irregularidades con denuncias que, sistemáticamente, se perdían en el tiempo, hasta que surgió un “imponderable” que movió la estructura del Ministerio Público y acudió en su búsqueda, que en esta ocasión no dio en el blanco, sino en funcionarios de menor pelaje.

Teniendo en cuenta el prontuario de ineficiencia y corrupción del Indert, bien haría el Estado en eliminar esta cueva de facciosos, investigar a todas sus autoridades y redireccionar con patriotismo y honestidad su cuantioso presupuesto que, como está declaradamente demostrado, hasta hoy día solo ha servido para nutrir a voraces funcionarios que de servidores nada tienen, pero sí abundante codicia en medio de una voluminosa anarquía.

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