“Muchos padres se negaron a ceder un corazón para Anita”

Imagen imperecedera de Anita Almirón, la bella niña de los radiantes ojos azules que falleció en espera de un donante de corazón. Desde ese tiempo a esta parte, poco ha cambiado en la sensibilidad de la gente para donar órganos.

La ciudadanía recordó este domingo el tercer aniversario de la sentida muerte de Anita Almirón, la niña de profundos ojos azules que se ganó el corazón de los paraguayos al aguardar con mucha fe y esperanza la llegada de un corazón que le pudiera salvar su vida en peligro de muerte debido a una grave complicación cardíaca.

El corazón nunca llegó, a pesar de los insistentes reclamos de los padres de la niña, quienes lamentan hoy día la falta de conciencia de quienes en su momento pudieron salvarle la vida a su pequeña hija, pero no lo hicieron adrede.

“Muchos se negaron a ceder el corazón de familiares que ya no tenían posibilidad de vida, y con esa actitud también negaron la esperanza de vida de nuestra pequeña. Es muy doloroso para nosotros el solo hecho de pensar en el egocentrismo de la sociedad, que al final es un derecho u opción que hay que respetar”, dijo la madre de Anita, María Elena Riquelme, a medios de prensa de Asunción.

El vía crucis de Anita en espera del corazón de un donante, o el trasplante con un corazón artificial que cuesta 300.000 dólares, movilizaron a la ciudadanía, que a través de convocatorias a colaboración lograron juntar 200.000 dólares, insuficientes para cubrir el alto costo de la prótesis cardíaca.

El entonces presidente de la República, Federico Franco, recibió fuertes críticas debido a que hizo poco o nada para tratar de revertir la situación de la paciente, a pesar de su condición de médico.

Los familiares clamaban porque Anita fuera enviada a un hospital especializado de la región, y que los gastos de traslado sean cubiertos por la Presidencia, lo cual no ocurrió.

El Ministerio de Salud Pública, por su lado, inició una campaña de concienciación masiva para la donación de órganos, cuyos resultados se desconocen.

La propia Iglesia paraguaya se hizo eco del dolor de la familia Almirón y de la ciudadanía en general por la sensible pérdida, y se pronunció a favor de la donación de órganos como una señal de suprema caridad.

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