Mientras haya políticos, habrá planilleros

Los planilleros constituyen piezas inherentes a la clase política prebendaria y clientelista. La alusión explícita del presidente Cartes a este tipo de gente que contamina la función pública es señal inequívoca de una práctica arrastrada del pasado que se niega a morir.

Posiblemente con conocimiento de causa, el presidente Cartes apeló a un imposible para condicionar a dos entes públicos el incremento de sus tarifas.

“El día que dejen de tener planilleros vamos a analizar el tema”, expresó entre otros reclamos que ANDE y Essap deben cumplir como requisito para la suba de sus facturas.

A juzgar por las declaraciones del Presidente, no se avizoran aumentos de tarifas por mucho tiempo, teniendo en cuenta que toda la función pública, de alguna manera, está contaminada de parásitos que cobran sin trabajar.

Otros centenares, quizás miles, de recomendados provenientes de la cantera política partidaria, sin excepciones, vegetan en oficinas inoperantes e improductivas.

De esta manera, esos privilegiados aportan su nombre para agrandar el Estado, que en todos estos años ha acusado campante el desembarco de verdaderos batallones de ociosos, agraciados con solventes salarios, mientras el funcionario común debe trabajar por ellos con su sueldo piso.

Que se sepa, ninguna institución u oficina del Estado se salva de esta práctica perniciosa que se mantiene invariable desde la época de la dictadura, cuando los leales al régimen tenían carta blanca para elegir cargos a placer con el solo enunciado de “soldado republicano”.

Sucesivos gobiernos “democráticos” nada han hecho para cambiar este estilo particular de seleccionar servidores públicos.

Antes bien, se han empeñado en establecer un estatu quo, donde los intereses sectarios se han instalado en el Estado, que de esta manera debía surtir la demanda de hordas de saqueadores que, amparados en los cargos, se sirvieron del presupuesto público.

La situación no ha cambiado ni mejorado en el nuevo rumbo, según la crónica periodística que diariamente irrita el espíritu ciudadano con noticias sobre tragadas, secretarias vip y tantas otras fórmulas para echar mano de los recursos estatales utilizadas por la clientela partidaria y familiar.

Si el nepotismo dejó de ser novedad (se desconocen casos de sentenciados por este delito), no le va en zaga el planillerismo, como producto natural de una clase política inficionada de desvergüenza, donde los escrúpulos constituyen artículo de lujo.

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