Marcha campesina con argumentos incendiarios ponen en jaque la debilidad de Marito

Teodolina Villalba se erige en una de las amenazas expresadas por el gobierno, que denuncia intentos de alzamiento popular en causa común con la rebeldía declarada en la región, sin presentar propuestas creíbles para desactivar la marcha, presentada en sociedad como «pacífica».

Masivos adherentes de la Federación Nacional Campesina (FNC) se mantienen en reposo este domingo, en espera de la anunciada manifestación pública que en modo de marcha se realizará mañana en lugares estratégicos del país en demanda de reivindicaciones históricas, a las que se suman dos componentes nuevos: la represión a las expresiones populares y el nombramiento del político Euclides Acevedo como ministro del Interior, interpretado desde sectores sociales como una nueva improvisación de Marito.

La marcha de la FNC dejó de ser novedad, teniendo en cuenta que lo viene realizando serialmente desde hace 26 años, siempre con los mismos reclamos, pero es motivo de fundado temor el posible uso de la violencia ante el menor intento de intervención de las fuerzas de seguridad, a las que tempranamente han calificado de represivas.

La extendida verborragia de uno de los líderes campesinos, autocalificada como agricultora, Teodolina Villalba, despierta suspicacia en sectores de inteligencia del gobierno, especialmente porque se produce en un momento delicado para la región con revueltas sistemáticas en países como Ecuador y Chile, donde exacerbados ciudadanos hacen causa común en contra de malas prácticas de gobierno y reclaman políticas económicas y sociales asociadas con la realidad lacerante que desprecia las necesidades del pueblo, aquellas despegadas del poder que monopoliza privilegios y prebendas.

“No estamos mejor que ellos, y falta una pequeña chispa para que este polvorín sobre el que estamos parados, y fumando, explote”, disparó el senador Fernando Silva Facetti, en consonancia con sectores de la oposición que no ven una salida inmediata, y menos aun adecuada, a la situación.

A nadie escapa que los hechos de violencia registrados en la región configuran un caldo de cultivo ideal para replicar en Paraguay, donde sucesivos gobiernos etiquetados de democráticos han cajoneado sistemáticamente reclamos populares, mirando para otro lado.

También es voz extendida que la corrupción institucionalizada ha instalado anteojeras a las autoridades, que presentan excusas seleccionadas a la hora de ser reprendidas por su inutilidad y corrupción.

En medio de la tensa calma, y a pesar de que los campesinos avisaron que no habrá violencia de parte de ellos, la Policía capitaneada por el nuevo ministro apresta fuerzas de choque para repeler eventuales desbordes, mientras sectores fundamentalistas se friegan las manos en espera de escaramuzas.

El propio presidente de la República expresó públicamente su temor, afirmando con énfasis que opositores al gobierno necesitan un muerto para justificar desmanes, con la sensación instalada de que puede desencadenarse en el contexto de la marcha un desorden caótico que fabricara el anunciado “muerto”.

La inseguridad reinante se ha sumado a hechos de vandalismo que hacen el pan diario de la ciudadanía, sin respeto de pelo ni marca, según puede observarse a cada rato en los noticiarios de canales de TV informativos.

Analistas consultados este domingo por La Mira coinciden en afirmar que Marito hace rato hubiera desactivado la gran marcha a través de un diálogo concertado entre todas las partes involucradas, devolviendo la tranquilidad al país, y especialmente a atemorizados comerciantes que, encima de la crisis de venta, deben lidiar periódicamente con la inseguridad, en este caso la protagonizada por miembros de la FNC, que por la repetición en serie de sus marchas se han convertido en caras conocidas del país.

 

 

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