Madre de 12 hijos pasa hambre en un país plagado de soja y carne

La mujer se rebusca en la calle en procura del sustento diario, mientras su pequeña hija con capacidades diferentes sufre los rigores del calor. Imagen lacerante del Paraguay rico en proteínas, con una brecha dolorosa entre ricos y pobres.

En una muestra de la enorme brecha existente entre ricos y pobres en Paraguay, una madre de familia que cría 12 hijos sufre los vaivenes de una rutina cargada de dolores en busca del pan diario.

Se trata de doña Leoncia Galeano, que ocupa un espacio público debajo de la línea de alta tensión eléctrica de la ANDE, donde sobrevive en un tugurio de tabla mal estacionada y caliente techo de zinc ubicado en el patio trasero del barrio Kennedy de Capiatá.

Registros oficiales ubican al país en el “top ten” de países con mayor volumen de exportación de carne en el mundo, mientras que la soja, otro alimento cargado de proteína, está colocado en el privilegiado cuarto lugar.

Las exportaciones récord del último año también han significado ingresos históricos.

La propaganda oficial se jacta de la rica y enorme producción de alimentos del Paraguay, que incluye otros rubros de la agricultura y la ganadería, pero los resultados no se ven a simple vista.

Hay que escalar altos muros de propiedades vip y hurgar en cuentas secretas de bancos para saber dónde va a parar la riqueza, privatizada para una elite menor y socializada para la gran mayoría necesitada.

El propio Gobierno reconoce que la tercera parte de la población paraguaya (más de dos millones de personas) se debate en la pobreza y la pobreza extrema, en medio de una política de Estado insensible que nada hace para revertir la situación paradojal de este país que es al mismo tiempo rico y pobre.

Se desconoce con precisión adónde van a parar los millones recaudados en impuestos y otros recursos que tiene el Estado para hacer dinero, incluidas las sumas siderales que generan Itaipú y Yacyretá.

Lo que sí se sabe -con abundancia de detalles- es la condición de miseria y desigualdad social en que se desenvuelven millares de familias, tanto en el sector urbano como en el rural, como consecuencia de sucesivos fracasos gubernamentales y la falta de interés político por revertir el estado de cosas.

De esta manera, a la sombra de la opulencia –muchos basan su fortuna en actividades ilícitas abiertas- se levanta desafiante una legión de paraguayos necesitados de trabajo y de atención a su demanda de salud, educación, seguridad y derecho de mejor vida, en medio del laberinto del Gobierno que concentra su atención en otro rumbo.

Miles de “Leoncia” cubren el territorio nacional, hurgando por las calles y viviendo de la caridad, víctimas de un Estado ausente que pugna por inflar los mentirosos índices de nivel de vida con ingresos per cápita que solo figuran en los papeles, mientras en la calle, ahí donde debería brillar el oro de la nación, solo se respira olor a necesidad y desencanto por la realidad del verdadero Paraguay.

 

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