Lugo, el gran ausente en la conversación

Astuto y oportunista, el ex presidente no se hizo ver en los momentos aciagos de la democracia representada por el pueblo enardecido. Cuentan que mantiene firme un pacto con Dios y con diablo.

Fiel a su fama de astuto y oportunista, el ex presidente de la República Fernando Lugo no se hizo ver en los momentos en que más se le necesitaba.

Mientras ciudadanos heridos en su patriotismo clamaban por una mano solidaria para agrandar el equipo de indignados y forzar el respeto a la Constitución, el polémico ex obispo católico se dio las de Villadiego, dejando a su gente huérfana de acompañamiento y con las manos atadas para enfrentar los rigores de la violencia.

“No se esperaba otra cosa de él”, decía entre sollozos este viernes una mujer que se identificó como “ex luguista”.

“Él hubiera estado acá, porque sabe como ninguno lo que significa la fuerza bruta del poder, la misma que le sacó del cargo ilegítimamente”, recalcó Catalina Miers, estudiante de Ciencias Políticas de una universidad privada de Asunción.

Lugo no se hizo encontrar en todo este tiempo, manteniéndose oculto y encerrado en sus cuarenta.

Cuentan que la falta de identidad provocada por su bipolaridad política le hizo entrar en una sinrazón lamentada por sus acólitos, aquellos que en su momento apostaron por el gobierno decente con un hijo de la Iglesia, y a pesar de los reveses y escándalos del pastor optaron por una apuesta ética.

A la hora de la verdad, el ex presidente se mezcló en su laberinto, desapareciendo misteriosamente de los sitios de lucha para perderse en el mar de la deshonra y el descrédito.

Observadores políticas señalan que Lugo juega a dos puntas, en su doble papel de “demócrata” y “rebelde”, función que debió asumir necesariamente para poder tentar el rekutu, de la mano de su adversario aparente, Horacio Cartes.

Otros señalan que se postró sin dobleses ante el poderoso caballero de la billetera inacabable, capaz de comprar votos y conciencia en una misma operación “comercial”.

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