La rutina de convivir con la basura, con un cerco de plagas y enfermedades

Basura patológica tirada a cuerpo gentil en el predio del basural mau, ubicado en un entorno rodeado de población vulnerable. La falta de mano dura de los organismos sanitarios y la Justicia permite este tipo de hecho punible gravísimo.

El derecho de hábitat cómodo y saludable cada vez alcanza a menos paraguayos, quienes enfrentan las consecuencias de la falta de políticas públicas destinadas a satisfacer necesidades de vida digna, algunas de ellas básicas o elementales.

“No hay peor desgracia que vivir en un basural”, afirma Cesarina Vázquez, vecina de Emboscada, unos 38 kilómetros al noreste de Asunción.

En un sector de la ciudad asentada sobre piedras, la Municipalidad ha mandado construir un vertedero para desobligarse de la basura.

De eso hace 5 años, lapso en el cual no ha cumplido normas y exigencias universales en materia de manipulación y tratamiento de desechos.

La situación continuó invariable por mucho tiempo, hasta que vecinos unidos reaccionaron y lograron la inédita intervención de la Fiscalía de Delitos Ambientales y la Secretaría del Medio Ambiente, quienes a la hora menos pensada para las autoridades desembarcaron en el vertedero clandestino y se llevaron sorpresas mayúsculas.

“Acá no podemos comer, dormir, descansar, trabajar ni respirar debido al olor nauseabundo que produce el lugar las 24 horas del día, a más de sarna, pulga, moscas, mosquitos, cucarachas, ratas, víbora y otro tipo de alimañas que no nos dejan vivir”.

Cesarina no esperó que la comitiva empezara a trabajar para llorar sus penas.

“Somos 5 personas en mi familia; todos tenemos problemas respiratorios y picazones, al igual que el resto del barrio, pero la gente no quiere denunciar nada, tiene miedo de no sé qué, pero nosotros nos animamos a hablar porque ya no podemos llevar esta vida miserable e injusta”, recalcó la mujer.

La comitiva fiscal y de técnicos ambientales corroboró la presencia en el lugar de basura patológica, consistente en casi 5 kilos incautados de jeringas descartables con agujas de varios tipos y tamaños, más un combo terrorífico conformado por medicamentos vencidos, vías, un dispositivo híper punzante utilizado en cirugía llamado mandril, pilas, y envases de contenido desconocido.

“La persona que recibe un pinchazo de una aguja de estas, embebida en un medio absolutamente tóxico, lo menos que puede esperar es un tétanos, y, a más de ello, corre el grave e inminente riesgo de contraer sin muchas vueltas enfermedades infectocontagiosas, que incluso pueden causar la muerte”, explicó el doctor Óscar Cattebecke.

Este médico es un referente de la organización civil Contraloría Ciudadana, conformada por pobladores que buscan vida digna y transparencia en la administración de gobierno municipal, plagada de denuncias de irregularidades que prometen denunciarlas en tiempo y forma.

Comentarios

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.