Juicio a Bower por torturas está trabado desde hace 16 años

Bower se ríe al salir de tribunales, luego de presentar un incidente que, como en los más de 15 años que lleva el juicio, le fue favorable. El caso, lejos de llegar al estado de sentencia, se pierde en los vericuetos de las chicanas, sin incomodar a los jueces.

Considerado uno de los casos más conflictuados de la historia judicial del país, el juicio por tortura a Walter Bower vegeta en tribunales, donde permanece cerrado con candados, después de más de 15 años de chicanas generosamente asimiladas por jueces que, uno a uno, han sido apartados de la causa.

Mientras esto ocurre, la Corte Suprema de Justicia se rinde a las circunstancias, sin atinar a detener los abusos contra la ley y la razón, instalando un negro precedente de ineficiencia con el claro objetivo de llevar el caso a la impunidad, a pesar de los pruebas y evidencias contundentes recabadas por el Ministerio Público, aun bajo presión y amenazas de sanción a quienes se atrevieran a molestar al “intocable”.

Bower está acusado de liderar sesiones de tortura en la Armada Nacional durante la comandancia de Miguel Ángel Candia.

También fueron incluidos en la causa los comisarios Basilio Pavón (falleció hace unos años), Merardo Palacios y Osvaldo Vera.

El querellante, comisario Alfredo Cáceres, ha brindado testimonios escalofriantes que acompañaron las declaraciones en el mismo sentido de 8 suboficiales de Policía quienes, según cuenta, también fueron bárbaramente torturados en la comisaría 11ª de Asunción, por entonces al mando de Pavón.

La última diligencia conocida fue la apelación presentada por el comisario Vera contra la resolución dictada por el juez Rubén Ayala Brun, que fijaba audiencia preliminar.

Esta acción fue declarada inadmisible, hace un mes, por los camaristas Agustín Lovera, José Agustín Fernández y Bibiana Benítez, quienes de esta manera allanaron el camino para fijar nueva fecha de audiencia preliminar, con pronóstico reservado.

Durante todos estos años, el expediente se ha mantenido con incidentes de variado tinte, como testigo intangible de que, posiblemente, detrás de él se mantiene firme un supuesto poder extraordinario de Bower que, presionado por el juicio, había amenazado con “hablar” y desatar “un verdadero carnaval” en el ámbito judicial.

El cháque, evidentemente, tiene efectos maravillosos para el equipo de la defensa.

De otra manera, no se entiende cómo un juicio con pruebas flagrantes y categóricas se mantiene impune, ante la pasividad cómplice de los ministros y jueces, que nada hacen para honrar la soberanía de la ley.

La condición de imprescriptibilidad de la causa, antes que un argumento que allane en algún momento el camino a la sentencia, es interpretada a placer por los interesados en la impunidad para extender indefinidamente el proceso y, quizás, cerrarlo después por fallecimiento del inculpado, como ha ocurrido con el ex dictador Alfredo Stroessner, considerado “maestro” de Bower.

“Les pedía por favor que no me jueguen más, pero ellos se reían. Parece que les causaba placer” la tortura, rememoraba hace un par de años el comisario Cáceres en una entrevista del diario ABC Color.

Comentó que ha recibido de parte de Bower y sus asistentes golpes en todo el cuerpo y humillaciones inhumanas, en un relato que pareciera extraída de los libros de la guerra fría.

El libro de novedades de la guardia de la Marina reveló el delito, como testimonio de que no existe crimen perfecto.

Ahora, casi 16 años después, ni siquiera la amenaza de juicio político a la mayoría de los ministros de la Corte -por acusaciones de corrupción, venalidad, ineficiencia e inoperancia, entre tantas otras-, parece incomodar a la máxima instancia judicial, que se mantiene en sus 40 y prefiere asumir el riesgo de la destitución masiva antes que animarse a conducir la causa de Bower hasta el estado de sentencia, sin temor de que por el camino se desatara el anunciado “carnaval”.

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