Intensa lluvia saca a flote enorme precariedad de infraestructura pluvial

El raudal no tiene por dónde fluir, y rebosa las calles y veredas, sometiendo al ciudadano a un terrible estrés y riesgo, en un escenario calcado de décadas de inoperancia de las autoridades, que les dan a Asunción un falso perfil de ciudad moderna.

Se hizo esperar, pero cuando llegó lo hizo con inusual intensidad y, como de costumbre, exhibió a Asunción en su peor perfil de ciudad aldeana.

La lluvia tuvo campo libre para desplazarse a gusto y paladar, arriesgando la vida de millares de personas y vehículos, convirtiendo tiendas en centros de refugio y sometiendo a la gente a ser espectadora de un espectáculo patético y triste, que pinta a cuerpo entero la desidia, negligencia, pereza e irresponsabilidad de sucesivos gobiernos nacionales y municipales.

Se divulga con gran pompa la nueva fisonomía de ciudad moderna de Asunción, con edificios de altura y construcciones de aquí para allá, pero ni bien uno se asoma a la calle es víctima de la dejadez y la improvisación.

Los refugios peatonales pueden ser contados con los dedos de las manos, y las calles se mantienen desde hace años en condiciones indignas para la capital de un país, con baches por doquier y remiendos a las apuradas que solo tienen un fin estético.

Se trata de un drama repetido hasta el cansancio que de alguna manera ha afectado y sigue perjudicando a todos, sin excepción, con el agravante de que los detentadores del poder no reaccionan, como si los desagües vendrán de arriba junto con las precipitaciones, sometiendo a los contribuyentes a estafas y engaños cíclicos, como los que se dan cuando las autoridades afirman que los impuestos serán utilizados para mejorar la ciudad.

No existe, y tal vez no exista por muchos años más, una estadística cuantitativa de daños producidos por lluvias y temporales, pero no hace falta ir muy lejos para percibir en carne propia el dolor de tener que estar sometidos a convivir con el agua al cuello, el barro, los baches, la falta de refugios públicos y una serie de necesidades en la vía pública.

Las autoridades, tanto municipales como del Gobierno central, parece no asimilar la situación y dejan pasar los días como si todo estuviera normal.

“Así nomás luego es en todas partes”.

Esta frase se le escuchó decir a un alto funcionario comunal tras ser abordado sobre el desastre ocasionado por la lluvia el domingo pasado.

Fiel reflejo de representantes ciudadanos desprovistos de responsabilidad y el mínimo respeto por normas elementales de convivencia en sociedad, cuyo aporte se limita a llenar cupos de poder, postergando indefinidamente derechos consagrados de la gente, como el bienestar y la seguridad.

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