Imputado por corrupción juzga honorabilidad de próximo ministro de la Corte

Enzo Cardozo, doblemente imputado por corrupción y desaforado de su cargo de senador de la nación. Lejos de apartarse de su condición de miembro del Consejo de la Magistratura, juzga como si nada la honorabilidad de una cincuentena de candidatos a ministros de la Corte.

El ex ministro de Agricultura y Ganadería, Enzo Cardozo, integra el colegiado del Consejo de la Magistratura que analiza cada una de las más de 50 solicitudes presentadas por candidatos a integrar la Corte Suprema de Justicia en sustitución del ministro Víctor Núñez quien presentó renuncia al cargo.

Como si nada, Cardozo se sienta en un sillón reservado por la ley para magistrados íntegros y probos, con honra y dignidad fuera de toda discusión.

El delfín liberal ovetense enfrenta dos procesos penales por supuesto robo y estafa de recursos públicos en asociación ilícita que superan 79.000 millones de guaraníes, y libra en tribunales una fuerte batalla para burlar a la ley y obtener la impunidad.

A pesar de los graves cargos contenidos en 115 tomos de la carpeta fiscal que evidencian el esquema de latrocinio utilizado por la camarilla liderada por Cardozo para esquilmar las arcas del MAG, el ex ministro continúa campante en su cargo de miembro del Consejo de la Magistratura.

Sin que le tiemblen las piernas por el enorme daño ocasionado a millares de campesinos empobrecidos que confiaban en su buena gestión para sacarlos de la pobreza, Cardozo esgrime en su defensa el derecho a la duda mientras se sustancia el proceso para seguir ocupando sin rubor alguno su silla en el Consejo.

Para Cardozo, evidentemente, no existen los términos dignidad, ética y mora.

Él está decidido a seguir juzgando y dando su bendición a candidatos a jueces y fiscales de la República, para lo cual seguramente consulta con el manual de ética y el rígido protocolo de sentencia que permite a los interesados escalar el ansiado peldaño al cargo o retornar a su rutina de vida.

Acostumbrada a “levantar al caído”, la fraternidad parlamentaria ha guardado sonoro silencio, sin inmutarse en lo mínimo en que el representante del pueblo esté en grave falta con su condición de miembro “honorable” del Congreso Nacional.

Se trata de una actitud estigmatizada por el propio peso de su inoperancia, instalando en el ambiente una lúgubre luz de esperanza de que la situación vaya a mejorar, y mucho menos a cambiar, con el actual estado de cosas donde los buenos no son número y los malos son premiados.

 

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