Imagen patética de secuestrado y un Gobierno concentrado en el rekutu

Aspecto casi desconocido del ganadero Félix Urbieta, en una foto dada a conocer por su captores como prueba de vida. El Gobierno no da muestras de intervención firme para la libertad de los 4 cautivos, concentrándose en el rekutú.

Ocupó importantes destaques en los medios capitalinos la prueba de vida del ganadero Félix Urbieta dada a conocer estos días por el EPP, traducida en una fotografía donde se observa al secuestrado productor pecuario con el rostro serio, apenado, cubierto de barba y un aspecto de abandono que revela a simple vista la situación de angustia y precariedad en que pasa sus días bajo la sombra del desamparo.

Se trata de una situación dolorosa que pinta a cuerpo entero el nivel de desprotección que afecta a los secuestrados, incluidos el policía Edelio Morínigo y los menonitas Abrahan Fehr y Franz Wiebe.

Rumores que corren con la fuerza de un huracán ante el silencio y el desconocimiento de lo que sucede en los montes norteños por parte de la Fuerza de Tarea Conjunta (encargada en los papeles de la seguridad en esa parte del país), señalan que Wiebe será puesto en libertad en algún momento, cuando el EPP lo decida, desconociéndose la suerte de los demás cautivos.

El Gobierno, como ha ocurrido desde que las cuatro personas se encuentran en poder del EPP, ha gastado todo este tiempo en explicaciones y pretextos que de ninguna manera favorecen la chance de los sueños de libertad.

Sucesivos cambios de timón en las instancias de poder de la fuerza de seguridad instalada en el norte han expandido la tenue sensación de que la situación cambiaría con el correr del tiempo, pero nada ha pasado, y la agrupación criminal ha dado muestras de que actúa a placer en un “territorio liberado” donde agentes especiales de la Policía, el Ejército y la Senad ofician de simples números, y engrosan innecesariamente el presupuesto nacional.

En medio de este estado de cosas, el presidente Cartes no hace alusión alguna a los secuestrados y, como si nada, mantiene su agenda cargada de compromisos políticos con vistas al ansiado rekutu.

No es posible hablar de Estado de Derecho y seguridad jurídica de la República mientras un solo ciudadano sea mantenido bajo el régimen de secuestro, pero esto parece importar poco o nada al Gobierno, mientras los familiares de los cautivos y la ciudadanía muestran su impotencia y lloran la ausencia de los cuatro paraguayos, víctimas inocentes del Estado fallido.

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