Hoy por ti, mañana por mi

Lejos de renunciar, el senador Ibáñez derrocha su tiempo pagado por el pueblo para articular su blanqueo.

En medio del virulento rechazo ciudadano que interpreta la renuncia o el despido como única salida decorosa para el escándalo del robo de recursos públicos, el senador colorado José María Ibáñez busca desesperado estrategias para acallar el repudio del pueblo y buscar estrategias para ser blanqueado.

Ahora pidió 49 días de permiso, el tiempo exacto para enlazar con sus vacaciones de tres meses, y después retornar a su silla curul cuando el escándalo judicial que le tiene como protagonista se haya enfriado suficientemente.

La escaramuza verbal que el caso degeneró en el Senado de la Nación, que en vez de hacer leyes saludables se pasa tratando de apagar incendios provocados por parlamentarios corruptos, ha sentado precedentes históricos.

Nunca antes, tantos parlamentarios paraguayos estuvieron envueltos en chanchullos de diverso tenor y magnitud.

Casos de robos encubiertos como los del mismo Ibáñez y Víctor Bogado, y presuntas estafas por montos colosales como los que involucra a los senadores Enzo Cardozo, Carlos Filizzola y Esperanza Martínez, por citar algunos, configuran un escándalo de proporciones que contamina el sistema legislativo nacional.

No se pueden esperar leyes justas, equilibradas y patrióticas con parlamentarios metidos hasta el cuello en escándalos de robos, estafas, tráfico de influencia, telenovelas sexuales, turismo internacional con rótulo de viajes de trabajo, y tantas otras irregularidades.

A esto se agrega el anémico y desnutrido currículum profesional de casi todos los senadores, quienes sí tienen en su haber el contar con clientela política cautiva –que pagan todos los contribuyentes- que les serán útiles para el proselitismo y el rekutú.

Personas, o más bien personajes, como Ibáñez, provienen de esa cantera de desvergüenza prohijada con solemnidad en ese antro de escándalos e inoperancia llamado Parlamento nacional.

La ciudadanía da por descontado que Ibáñez obtendrá las vacaciones que solicita, para lo cual la fraternidad republicana y parlamentaria solo tiene que poner en práctica el viejo adagio solidario de “hoy por ti, mañana por mi”.

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