Hacen vito con la institucionalidad de la República

Sectores interesados «miran» e «interpretan» la ley de acuerdo a la matriz de poder a la que sirven. De esta manera, no es extraño ver a otrora celosos guardianes de la ley en carpas extrañas, en nombre de la Constitución Nacional.

Una vieja película de abusos heredada de la nefasta dictadura paraguaya se visualiza cada vez con más nitidez en el espectro político nacional.

Como ocurre en la trastienda de cada evento eleccionario, más aun cuando están en juego enormes intereses de todo tipo, el país ha transformado tempranamente su dinámica para convertirse en una arena de pujas donde cada sector busca posicionarse sacando ventajas del potencial adversario, que en este país es considerado “enemigo”.

Hasta este punto, la situación emergente podría considerarse normal, si se tiene en cuenta la especial idiosincrasia de la raza guaraní en términos de lucha de poder, pero lo malo es que se está haciendo vito con la letra y el espíritu de la Constitución Nacional.

Cada quien interpreta la ley según su exclusivo juicio o su interesado modo de ver las cosas.

De repente, otrora celosos defensores y rabiosos guardianes del Estado de Derecho son vistos en carpas venenosas coqueteando con el autoritarismo, la antesala de la dictadura.

Poco más de dos décadas después de que cayera un oprobioso régimen que llenó de ignominia el andar de la República, emerge amenazante otro malón que busca torcer los hilos de la ley de acuerdo al molde de matrices pervertidas que solo buscan sacar jugosas tajadas para posicionarse con fuerza en busca del preciado poder.

Jamás importó la obediencia a la Constitución Nacional, que prohíbe taxativamente la reelección presidencial.

El limitado espacio otorgado por la misma ley para quienes buscan hacer el rekutú es exprimido hasta el cansancio, utilizando para ello interpretaciones harto interesadas, lejos de la letra de la Carta Magna.

Así, el escenario político ha transformado el espacio jurídico en una cancha de juego de intereses, donde cada quien, en vez de cumplir la ley, se pone a hacer interpretaciones para amoldarlas a su conveniencia.

De repente, todo el mundo hace uso irrestricto del derecho constitucional de apoyar, disentir, manifestarse libremente a favor o en contra de la ley, y prácticas consagradas en un Estado serio, pero a la hora de las responsabilidades el sol se oscurece.

De esta manera, la Constitución Nacional se convierte en trapo sucio de la democracia, por acción u omisión de actores interesados que con suma facilidad cambian su falso perfil de demócratas por el de tiranos y absolutistas en potencia.

 

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