Gobierno no genera condiciones para desalentar contrabando hormiga

Largas filas de camiones aguardan en el puesto de José Falcón, mientras los pequeños paseros buscan un acuerdo con el Gobierno que les permita ingresar sus bolsos cargados de productos libres de impuestos. Una postal tan antigua como el mismo río que oficia de testigo.

El Gobierno ha emprendido la cacería de pequeños comerciantes dedicados al paso de mercaderías libres de impuestos desde la vecina localidad argentina y aledaños hasta el mercado de Asunción.

Conocidos también como paseros, o contrabandistas hormiga (por la actividad persistente de “importar” los productos en bolsas, bolsones o cajas para no mover la atención de los cobradores de impuestos), esas personas se dedican a ganarse la vida en el límite de la ley, que establece el régimen legal de pacotilla bajo condiciones usualmente transgredidas sin mayor reacción de Aduanas.

La fragilidad de los controles fronterizos ha madurado, con el tiempo, un esquema de trabajo que, por lejos, vulneró el trato de amigos manejado “a lo Paraguay” con los paseros, para convertirse en una industria floreciente de contrabandistas.

En la actividad así generada no solo están involucradas familias necesitadas del pan diario, sino comerciantes de alta gama que financian el contrabando hormiga y surten a las grandes despensas y supermercados con precios inferiores a los promedios del mercado, madurando la competencia desleal.

Nada de esto se tiene en cuenta al momento de hacer negocios, en una vieja práctica que, al igual que el “combate al contrabando”, se ha convertido en una maniobra cíclica que, al final, nunca da resultados.

El problema persiste campante en el tiempo porque, en primer lugar, el Gobierno no ofrece más alternativa que la represión como fórmula para desalentar la actividad ilícita fronteriza.

Condiciones para generar trabajo digno para los paseros no existen.

Por este motivo, muchos reinciden indefinidamente y apelan a otros métodos para hacer cruzar a este lado de la frontera sus bolsas de productos “made in Argentina”, desprendiéndose obligadamente de algunos guaraníes para costear la acción de pescadores de río revuelto, igualmente expertos en este tipo de oportunidades cíclicas para generar ingresos extras.

La cosa es de nunca acabar.

Este lunes, centenares de vehículos de todo tipo, entre ellos grandes camiones con cargas millonarias dispuestas a bancarse las condiciones de Aduanas, forman largas filas a la altura del puerto  José Falcón, en espera de pasar al lado argentino, mientras tumultos ocasionales improvisados por paseros apagan la rutina y encienden destellos de protestas, y sectores interesados hacen su parte para volver a apagar la luz y maniobrar en la sombra, en una postal tan repetida y antigua como el mismo río que oficia de testigo.

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