Fuerte pulseada entre Cartes y Kalé por el control del Partido Colorado

La calma que precede a la tormenta se observa en el local partidario, de cara a unas elecciones internas que se presentan ruidosas y reñidas, con dos frentes bien definidos a favor de Cartes y de Kalé Galaverna, respectivamente.

Las aguas se han partido en dos en el seno de la Asociación Nacional Republicana luego de que un disfrazado lenguaje de consenso acabara con dos candidatos a ocupar la titularidad del Partido Colorado en el poder.

En medio de la expectativa partidaria, se presentaron inicialmente 6 candidaturas; las de Mario Abdo Benítez (h), Pedro Alliana, Hugo Velázquez, Javier Zacarías Irún, Luis Gneiting y Lilian Samaniego, pero finalmente las preferencias se dividieron en “Marito” y Alliana, unidos por la juventud, dinámica propia y cero antecedente de corrupción (muy diferente a la hoja de ruta contaminada de muchos correligionarios) pero opuestos por sus respectivos “caballos”.

Alliana responde al oficialismo partidario cartista y “Marito” es el embanderado de un poder paralelo que se mueve tras bambalinas, liderado por el histórico Juan Carlos “Kalé” Galaverna, con el apoyo de líderes como Luis Castiglioni, Blanca Ovelar, Enrique Bacchetta, Nelson Aguinagalde, Oscar González Daher y Arnoldo Wiens, entre otros.

El nuevo “caballo del comisario” aparece rodeado de la actual presidenta de la ANR, Lilian Samaniego, y figuras partidarias representativas del cartismo como el vicepresidente de la República, Juan Afara, y los candidatos que descabalgaron a favor de Alliana, entre ellos Luis Gneiting (gobernador de Itapúa), Hugo Velázquez (presidente de la Cámara de Diputados) y Javier Zacarías Irún (delfín partidario del Alto Paraná).

“Ahora vamos a ver quién realmente manda en el Partido”, se le escuchó decir entre dientes al caudillo ovetense Silvio “Beto” Ovelar, en referencia a la supuesta mayoría de votos que tendría “Marito” para ganar la titularidad de la ANR y colocar al “padrino” Kalé en posición de mandamás, como contrafrente estratégico a la representación que, en nombre del Partido, ejerce Cartes en el Poder Ejecutivo.

El oficialismo ha enviado señales de humo con la presentación de un candidato joven, de escasa experiencia política pero con sabia nueva, que buscará instalar una imagen renovada en la centenaria nucleación política que ha estimagtizado con Stroessner el color de su bandera, comparada por la oposición con el mismo estandarte del diablo.

La llanura, lejos de mover a la reflexión, ha madurado en la ANR un esquema de mando basado nuevamente en el poder del dinero, según puede notarse en la lista de financiadores de la campaña que alzó a Cartes como Presidente de la República.

Con el correligionario empresario inscrito con piolita como miembro del Partido Colorado, la “estructura” se quedó de brazos cruzados luego de que el mismo Cartes eligiera su “selección nacional” de colaboradores en el Gobierno, con pocos colorados y muchos tibios u opositores.

Esta situación fue el principal detonante para que Kalé descabalgara su otrora apoyo incondicional y se colocara en inocultable posición de rebeldía contra el liderazgo partidario, incluso dándose el tupé de seleccionar un “caballo” para el maratón eleccionario que podrá definir quién realmente manda dentro del Partido.

El nombre del próximo presidente de la ANR es fundamental para definir en parte el destino del Gobierno y, con ello, el futuro del país, con un Cartes desteñido por evidencias de ineficiencia y salpicado por denuncias de corrupción.

Kalé, por su parte, arrastra acusaciones que le vinculan con la flor y nata de la corrupción stronista y un rosario de secuelas que le valieron ser considerado uno de los “hombres escombro” del Paraguay jaqueado por su mala fama.

 

 

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