Forense “desaparecido” genera repudio en Emboscada

Dr. Javier Díaz Verón, fiscal general del Estado. Familiares y amigos del fallecido piden que ordene la intervención de la fiscalía forense de Cordillera a raíz de un grave caso de negligencia.

El fallecimiento de un hombre y la imposibilidad de obtener el obligatorio certificado de defunción por la ausencia del médico forense, que no se hizo encontrar sino 25 horas después de ser rastreado con intensidad, precipitó la reacción de familiares y amigos del occiso, que pidieron la urgente intervención del fiscal general del Estado, Javier Díaz Verón.

La denuncia fue presentada por Heleno Monges, hermano de Salvador, quien falleció de causas naturales el pasado sábado alrededor de las 3 de la mañana en la ciudad de Emboscada, 38 kilómetros al Este de Asunción.

“Para hacer los procedimientos correspondientes, como el levantamiento del cadáver, anotación en el Registro Civil, rezo del responso en la iglesia local y el sepelio, necesitábamos el certificado de defunción, pero el único responsable nunca se hizo encontrar”, expresó Monges.

Comentó que el Centro de Salud donde el forense debe hacer oficina se encuentra en la ciudad de Arroyos y Esteros, a 17 kilómetros de Emboscada.

“Nos dijeron que debíamos llamar primero para averiguar antes de irnos porque el forense se ausenta mucho, y efectivamente nos confirmaron que no se encontraba. Cuando preguntamos a qué hora iba a regresar contestaron que estaba en Caacupé y que no tenía hora ni día de regreso”, indicó el denunciante.

Explicó que a partir de ese momento, alrededor de las 9 de la mañana del sábado, comenzó la búsqueda del Dr. Julio César Riveros, ante la negativa de sus asistentes de dar información certera sobre el paradero del mismo.

“A duras penas conseguimos su número de celular y llamamos decenas, tal vez centenares de veces, pero nunca contestó las llamadas ni se dignó siquiera en preguntar quién necesitaba de él. La conclusión a que llegamos es que no le interesa para nada el trabajo por el cual le pagamos todos”, recalcó Monges.

Se preguntó cómo es posible que el supuesto servidor público “desaparezca” sin dejar rastros, y encima no da participación a sus asistentes, quienes posiblemente actúan instruidos para dar respuestas falsas.

“Eran las 9 del domingo, la hora que debíamos enterrar a mi hermano, y el Dr. Riveros no daba señales de vida”, se quejó el denunciante.

Explicó que, en un arrebato de ira e impotencia, los familiares del difunto decidieron divulgar el caso por radio Ñandutí, apelando a la intervención del propio fiscal general del Estado o de alguna otra autoridad que pudiera proveer el, por entonces, “bendito” certificado de defunción.

“Después de que nos dijeron que el forense se encontraba en Caacupé, apareció como por arte de magia 5 minutos después de ser denunciado el caso por Ñandutí”, apuntó Monges.

Exteriorizó su sospecha de que el Dr. Riveros no se encontraba en Caacupé sino en la misma Arroyos y Esteros, donde explota un sanatorio particular 5 estrellas.

“Lo más lamentable, que el fiscal Verón debe investigar, es su  absoluta irresponsabilidad de haber permanecido incomunicado, a sabiendas de que en algún momento de su horario de trabajo público se presentaría una necesidad de su incumbencia, que no le importó para nada”, puntualizó el denunciante.

 

 

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