Escándalos en serie ensucian el uniforme de las gloriosas Fuerzas Armadas

Imagen repetida en el escenario castrense: el comandante ensayando explicaciones ante acusaciones de corrupción. Atrás quedó una historia cargada de heroísmo del soldado guaraní, que según se ha visto utiliza su «valentía» para «vivir de la Patria».

La historia guerrera del soldado paraguayo ubica a nuestras Fuerzas Armadas como una de las más renombradas del mundo por su valentía y coraje, al punto que un alto oficial argentino durante la contienda contra la Triple Alianza dijo que al combatiente guaraní hay que liquidarle desde el vientre de su madre porque es invencible y no se rendirá jamás.

Este celebrado concepto, sin embargo, se ha ido destiñendo con el paso del tiempo y la irrupción de la corrupción en los cuarteles, que en algunos casos se han convertido en pingües negocios para los jefes de turno, según se ha venido demostrando sistemáticamente a través de la prensa.

Lo que, en principio, fue asumido como comportamientos ocasionales y puntuales, como efecto de nombramientos equivocados de comandantes o directores o jefes amigos o compadres de políticos, ha ido repitiéndose indefinidamente sin visos de solución.

En este sentido, ha saltado a luz el esquema de apropiación de bienes y recursos en las unidades militares, a través de un variado esquema de recursos donde muchos popindá se han vuelto ricos de la noche a la mañana a la sombra del poder político que los cobija y apaña, mientras los cuarteles se caen a pedazos y los soldados enfrentan los rigores del abandono y la falta de formación.

En medio de este festival de irregularidades, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Horacio Cartes, mantiene inalterable el sistema de mando, como si todo marchara sobre ruedas.

Los escándalos que a diario salen publicados en la prensa, en los hechos son tratados como si se trataran de anécdotas que no ameritan castigos o sanciones dentro del cuadro militar, acostumbrado como está a no ser molestado porque su servicio será esencial en hipotéticos escenarios de conflicto bélico.

De esta manera, la situación generada constituye el mejor ejemplo de que, en las condiciones actuales, el servicio militar es una pérdida de tiempo, porque la esencia y el espíritu del guerrero grito guaraní de “¡Muero por mi patria!” que enalteció a nuestros ancestros, hoy día se ha desvirtuado al máximo, porque muchos militares han tomado sus cargos como botín de negocios, viajes y placeres, mientras la República se ha convertido en territorio liberado de la mafia.

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