En el país de las represas, cunde la oscuridad

Contar con la segunda represa hidroeléctrica más grande del mundo no es negocio para la ciudadanía, que sufre las consecuencias de los cortes de suministro eléctrico, con pérdidas considerables en recursos y neuronas.

Paraguay se jacta de contar con tres represas hidroeléctricas, suficientes para iluminar el país durante siglos, pero contradictoriamente sufre las consecuencias de los apagones, pestañeos y otro tipo de problemas en el servicio eléctrico que generan “cortocircuitos” nerviosos en la población y una enorme decepción ocasionada por los números.

Después de la segunda hidroeléctrica más grande del mundo en capacidad de producción, el país cuenta con la represa hidroeléctrica Yacyretá, con una potencia instalada de 3.100 MW.

Por su parte, la represa paraguaya Acaray genera normalmente 210 megavatios con sus 4 turbinas.

La capacidad de producción hidroenergética es motivo de orgullo y admiración.

Muchos países tienen envidia sana de la inmensa capacidad que tiene el Paraguay de producir electricidad a partir de la potencia instalada en sus tres represas, pero la situación declarada dista mucho del país iluminado de punta a punta, con servicio eléctrico de primer nivel y sin apagones ni pestañeos que la lógica señala.

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