El honor de Pablo solo será honrado con la detención de asesinos

Una de las últimas fotos con vida de Pablo Medina, antes de marcharse a la muerte como símbolo de fidelidad a la profesión, aun en medio de la precariedad laboral.

La Policía ha logrado desentrañar parte de la trama vinculada en torno al crimen del periodista Pablo Medina con la identificación de los probables asesinos, que estarían escondidos en algún lugar de la frontera común con Brasil junto a cómplices que igualmente huyen de la ley.

Se trata del polémico ex intendente municipal colorado de la ciudad de Ypehü, Vilmar Acosta, y sus hermanos Wilson, Vidal y Lorenzo Acosta, sindicados por los investigadores como piezas claves del narcotráfico en la amplia región de Canindeyú, donde la marihuana compite en ingresos con productos estrella como la soja y la carne.

El clan Acosta Marques, con documentación paraguaya y brasileña, mediante el involucramiento de padrinos empotrados en la alta política, logró establecer una formidable estructura narcótica con mercado seguro y buena paga en el Brasil.

Las publicaciones del periodista de ABC Color Pablo Medina generaban un estado de nerviosismo latente en el entorno del clan, que iniciaron con amenazas contra la vida del comunicador y acabaron con su muerte a tiros, mientras el trabajador de prensa realizada una cobertura periodística en una “zona roja”.

Según referencias periodísticas que se hacen eco de fuentes vinculadas a las investigaciones, Wilmar Acosta fue quien ordenó matar a Medina, “cansado” de que su nombre apareciera de forma repetida como dueño de grandes cargas de marihuana incautadas por la Senad en la zona de Villa Ygatimí, donde aprovechaba los montes y el escaso control para acopiar la droga alucinógena.

En Villa Ygatimí, a escasos kilómetros de Curuguaty, la Senad estableció un control permanente a instancias de las publicaciones de Medina, y en sendas ocasiones cayeron cargas de varias toneladas de droga supuestamente pertenecientes al clan Acosta Marques, que culpaba de la “desgracia” a Pablo Medina.

Lejos de amilanarse ante las amenazas, el periodista continuó con su trabajo al servicio de la verdad, aunque descuidó su seguridad personal, lo cual definitivamente favoreció el atentado que costó su vida.

Las confesiones del chofer de Wilmar Acosta, identificado como Arnaldo Cabrera, aportaron el ímpetu que necesitan los investigadores para continuar con las sospechas iniciales, dirigidas hacia el mismo destino.

Cabrera, acusado de matar a Medina con una escopeta calibre 12 y una pistola calibre 9 mm, no se guardó nada, según los datos, y apuntó dedo acusador contra su patrón, sindicándole como autor moral de la muerte del periodista.

Ahora las órdenes de captura se han extendido hacia todos los hermanos Acosta Marques, mientras la vida del chofer corre peligro de muerte por “bocón” y tendrá reserva de identidad con seguridad personal, informó el fiscal general del Estado, Javier Díaz Verón.

“Solo después de la captura y encarcelamiento de todos los culpables de la muerte de mi hijo, el corazón de mi familia tendrá paz y el sacrificio que Pablo dio por su trabajo no será en vano”, expresó acongojada Angela Velázquez.

El diario ABC Color, empresa a la que prestaba sus servicios el periodista, decidió seguir aportando por un tiempo el salario de Pablo a su familia, mientras algunos hermanos reclaman indemnización y retribución complementaria por no establecer custodia permanente ante el peligro latente de atentados, entre otras reivindicaciones.

Otros corresponsales de prensa lamentaron el “desinterés” de ABC por cuidar la parte salarial y de seguridad de su personal, más aun de quienes tienen a su cargo coberturas de riesgo en lugares frecuentados por narcotraficantes, abigeos, traficantes de rollos y contrabandistas, especialmente.

 

 

 

 

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