El dolor de los secuestrados por el Estado ausente

Esta es la autoridad del Estado encargada la seguridad del país y sus habitantes. Familiares de los secuestrados cuestionan su inoperancia e ineficiencia para combatir al EPP.

Nada más claro que las expresiones del ministro del Interior, Francisco De Vargas, para entender la “estrategia” del Gobierno para rescatar sanos y salvos a Edelio Morínigo y Abrahán Fehr, secuestrados en poder del ilegal Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

“Es muy arriesgado” meter a los agentes especiales de la Fuerza de Tarea Conjunta en los montes, afirmó De Vargas sin ruborizarse ante la obligación que le impone el cargo de rescatar por las buenas o por las malas a los dos paraguayos que fueron privados de su libertad por culpa de la inseguridad campante y sonante.

“Qué orgulloso me sentiría al saber que el Gobierno está haciendo todo lo posible y lo imposible para sacarme de este infierno”, ironizó Adrián Cantero este miércoles en su sitio social, tras ponerse, según dijo, “un segundo en la piel de esos prójimos” secuestrados.

Las expresiones del ministro cayeron como balde de agua fría en el seno familiar de los Morínigo, que hasta entonces alentaban la posibilidad de que el policía en servicio activo de la comisaría de Arroyito tuviera la esperanza de que termine finalmente el suplicio que lleva encima hace 601 días.

Por el lado del menonita, poco o nada se sabe acerca de sus reacciones, más aun después de que familiares del secuestrado y la comunidad menonita sampedrana de Manitoba fueran estafados por delincuentes que se apoderaron de varios millones de guaraníes que supuestamente iban a ser destinados al pago de rescate.

Diversos tipos de reacciones se dejan impregnadas en las redes sociales para criticar la ineficiencia del Gobierno, mientras muchos alegan falta de voluntad para que 200 soldados fuertemente armados, equipados y pagados entren a los montes con suficiente apoyo y terminen definitivamente con las andanzas del EPP, que hasta el momento se maneja como amo y señor de los montes, mientras el “enemigo” oficia de espectador.

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