El día en que la vida y la muerte se trenzaron en duelo feroz

La pequeña Annette es asistida por el policía Juan Duarte, en una instantánea genial que recorrió el mundo y fue captada por el reportero gráfico Sebastián Cáceres. El 1-A ha dejado una profunda herida en los paraguayos.

Centenares de anécdotas jalonan la historia del incendio del supermercado Ycuá Bolaños, marcado en los archivos como la peor tragedia civil registrada en el Paraguay contemporáneo.

Uno de los sucesos más conmovedores fue el que tuvo como protagonista a la familia Bobadilla Morales.

El apellido tal vez no le suene familiar a muchos, pero sí el nombre de uno de ellos: Enzo.

Enzo Bobadilla tenía apenas 3 meses de vida cuando sus padres decidieron llevarle al súper ese fatídico 1 de agosto de 2004.

Se encontraban recorriendo el inmenso local cuando sobrevino la explosión que inició la tragedia.

Según datos que no pueden ser corroborados fehacientemente, el niño fue sostenido con fuerza por su padre mientras buscaba una luz que le condujera fuera del infierno desatado en pocos segundos.

La contundencia de la humareda acabó por minar las fuerzas de Víctor Manuel Bobadilla, quien cayó víctima de sofocación, y en una reacción instintiva cubrió con su cuerpo la vida de su pequeño, quien fue hallado por bomberos en estado de shock y pudo salvar su vida por la aparición en escena de un policía involucrado en las tareas de salvataje.

La familia Gaus Bécker, de Hohenau, que se encontraba temporalmente en Asunción, no tuvo mejor suerte porque el padre de familia falleció de asfixia, y la menor hija de ambos, Annette, tampoco pudo salvar su vida, a pesar de ser asistida por el policía Juan Duarte, en una instantánea que recorrió el mundo y fue captada por el fotógrafo paraguayo Sebastián Cáceres.

La mamá del pequeño Enzo, Gloria Morales, logró salvar su vida, y hoy día recuerda con emoción los momentos vividos en aquella jornada de domingo, que en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en pesadilla.

En medio del infierno así desatado hicieron su aparición ángeles del cielo, que se encargaron de asistir a muchas personas y ponerlas al alcance de la vida.

En el fragor de la batalla por la sobrevivencia, donde libraban una lucha encarnizada la vida y la muerte, la esperanza renacía de entre las cenizas humeantes, instalando conciencia en propios y extraños sobre el amor por la existencia, y la necesidad de extremar recursos para que nunca más haya un siniestro tan terrible como el 1-A.

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