“El desprecio a los marginados es la más insoportable de las pobrezas”

«Dar, hasta que duela; y cuando esto ocurra, dar todavía más», era la pasión de vida de Teresa de Calcuta, que es recordada este sábado en el aniversario de su muerte como una mujer santificada por el amor al prójimo y la entrega a los más pobres de los pobres.

“El trabajo que hacemos no tiene nada de heroico. Cualquiera que tenga la gracia de Dios puede hacerlo”.

Las expresiones reflejan el carisma humano y profundamente cristiano de Teresa de Calcuta, religiosa albanesa nacionalizada india conocida como “la santa de las cloacas”, cuya muerte se recuerda este sábado con muestras de admiración y respeto en gran parte del mundo.

La religiosa cristiana asistió durante toda su vida misional a los más pobres de los pobres, según la misma sostenía al presentar su trabajo a la sociedad y reclamar voluntarios para la causa de Dios.

La madre Teresa nació en 1910 y falleció un día como hoy, del año 1997, luego de soportar una vida de entrega increíble a favor de los miserables y erigirse en ejemplo inspirador en los tiempos modernos, donde la solidaridad y el amor al prójimo se han apagado.

Durante 20 años ejerció como maestra en Calcuta, pero la profunda impresión que le causó la miseria que observaba en las calles de la ciudad la movió a solicitar al Papa Pío XII la licencia para abandonar la orden y entregarse por completo a la causa de los menesterosos.

Enérgica y decidida en sus propósitos, Teresa de Calcuta pronunció por entonces el que sería el principio fundamental de su mensaje y de su acción: “Quiero llevar el amor de Dios a los pobres más pobres; quiero demostrarles que Dios ama el mundo y que les ama a ellos”.

“El desprecio que los marginados reciben de la sociedad, es la más insoportable de las pobrezas”, alegó, y tiempo después creó un centro de leprosos y un albergue para indigentes, entre ellos vagabundos, mendigos, parias, pordioseros y enajenados despreciados por la sociedad.

Defendió con vehemencia la doctrina de la Iglesia, conceptiva, antiabortista y contraria al divorcio.

Pocos días después de celebrar sus 87 años ingresó en la unidad de cuidados intensivos del asilo de Calcuta, donde falleció.

Miles de personas de todo el mundo se congregaron en la India para despedir a la “Santa de las Cloacas”.

Seis años después de su muerte, en octubre de 2003, y en coincidencia con la celebración del 25º aniversario del pontificado de Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta fue beatificada en una multitudinaria ceremonia a la que acudieron fieles de todas partes del mundo.

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