El caballo, en su carrera más difícil para salvar al comisario

Pedro Alliana, joven dirigente ungido candidato a titular de la Junta de Gobierno por el oficialismo representado por Cartes, con una presidenta sumisa y obediente al correligionario Presidente. Se avizoran duras jornadas de escaramuzas verbales, propias de la cultura política criolla.

El candidato a presidente de la Asociación Nacional Republicana, Pedro Alliana, apresta artillería pesada para librar poco más de tres meses de intensa batalla por ponerse al frente de las encuestas y liderar una carrera que pone en juego gran parte del futuro del comisario que lo ungió sin muchas vueltas.

Por detrás de la actual titular de la nucleación partidaria, sumisa y entregada totalmente a los intereses del número uno, en la Junta de Gobierno recordaron estos días que Cartes no es político y tampoco colorado.

“Este Presidente está representando al país porque unos convencionales vendidos cambiaron el estatuto del partido, y por unas migajas se alquiló la conciencia de miles de ciudadanos empobrecidos”, expresó un republicano contestatario en el mismo entorno de la oficina de la presidenta.

¿Qué pasará si pierde Cartes la Junta de Gobierno con su ahijado político?

El sector oficialista no maneja esta posibilidad, sino el de la victoria, de la mano del funcionariado público y de mentes volubles, a través del raleado equipo de colorados que presenta la “selección nacional”, con un apoyo logístico formidable que anuncia el desembolso de millones de dólares para tirar la casa por la ventana y asegurar la continuidad del llamado “proceso”.

Desde un primer momento, el caballo del comisario encontró renuencia del sector tradicional ortodoxo de la ANR, representado por viejos y experimentados caudillos consustanciados con todo tipo de mañas para sortear cualquier tipo de eventualidad.

Se trata de los mismos líderes que le dieron la espalda al partido representado en el 2008 por el cuestionado correligionario Nicanor Duarte Frutos y su delfín Blanca Ovelar, que saborearon una derrota histórica en un escenario pleno de divisiones que podría repetirse en caso de que las preferencias continúen partidas en dos.

El oficialismo partidario tiene enfrente a un fuerte equipo de descontentos liderado desde la sombra por el polémico dirigente Juan Carlos Galaverna, que colocó en el ruedo a su ahijado “Marito”, con el respaldo de 15 de los 19 senadores colorados.

Se avizora, por tanto, una dura contienda interna donde se entrecruzan acusaciones mutuas, en una antigua práctica de hacer política tratando de las más variadas y creativas formas de arruinar el camino del adversario, en vez de defender proyectos o programas de mejoramiento país, antes que priorizar pretensiones sectarias con zoquetes en la función pública y tantos otros privilegios que otorga el poder, como carta blanca para el contrabando, tráfico de influencia, evasión impune de impuestos, etc.

Alliana y “Marito” disputan mucho más que la presidencia de la Junta de Gobierno.

Allá en el fondo ondula el futuro político del propio presidente Cartes, quien tiene pendiente sobre su cabeza la amenaza de juicio político por irregularidades de gestión que están registradas con letras de molde en el cuadernito negro manejado entre bambalinas por sus potenciales oponentes, entre ellos los señores zoqueteros que no pueden asimilar la derrota de haberse quedado sin su cuota de poder y de ganancias dentro de la “selección de mayores”.

 

 

 

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