Ejército de subsidiados espera orden para “hacer el aguante” a Cristina

Piqueteros durante una manifestación pública en el centro de Buenos Aires. Se trata de una agrupación de miles de familias cautivas de los subsidios del Gobierno que ofrecen a cambio «seguridad» a ultranza. (Foto: Noticias Argentina).

Un “ejército” de al menos 200.000 personas en la gran Buenos Aires apresta logística consistente en megáfonos, palos y suficiente verba con cánticos alusivos, para apoyar a la presidenta argentina Cristina Kirchner en el difícil trance que enfrenta el Gobierno por la muerte del fiscal del caso AMIA, Alberto Nisman.

Se trata de legiones organizadas de agrupaciones populares conocidas como piqueteros, que según se sabe viven casi en exclusividad de los subsidios del Gobierno decididos por la Presidenta.

Con esta fórmula, que debe ser sostenida por toda la población, Cristina cuenta con incondicionales cautivos a ultranza para “hacerle el aguante” en cualquier circunstancia, como en el escándalo generado en estos momentos por la muerte de Nisman.

En varios escenarios anteriores, la viuda del expresidente Néstor Kirchner supo demostrar popularidad a través del populismo, para lo cual apeló a esa especie de guardia nacional popular al estilo chavista, que le dio amplio respaldo e instaló una sensación de gobierno feliz.

Ahora la situación de tranquilidad en la Casa Rosada (sede presidencial) ha cambiado sustancialmente con la sospecha instalada de que Cristina Kirchner está involucrada en una acción deliberada para proteger a ciudadanos iraníes imputados por el atentado contra sede de la asociación israelita (AMIA) en 1994, que mató a 85 personas y dejó heridas a otras 150.

Según los datos, el informe final de la investigación Nisman supone confabulación criminal en la causa para posibilitar el blanqueo de los acusados y con ello la extinción de la causa, a cambio de negocios con la República de Irán que le reportarían beneficios económicos siderales a Argentina, en un momento de franca recesión y apuros financieros.

La contundencia de Nisman causó un profundo impacto en el Gobierno.

El hecho, evidentemente, no estaba en los papeles previos, a tenor de las declaraciones apuradas que salieron a divulgar voceros gubernamentales, y que hicieron entrar en contradicción a la misma Presidenta, quien en un primer momento dio a entender que lo de Nisman fue suicidio, y a los pocos días dijo que no se trató de suicidio.

El coro oficial se sintió aturdido, y ahora busca una versión consensuada para desacreditar el informe fiscal e instalar el libreto de que hay “complot contra el Gobierno”, para lo cual se cuenta con suficiente material de propaganda y recursos humanos a disposición.

El escándalo que envuelve a la Argentina se da en un momento político clave, de frente a las próximas elecciones presidenciales del 25 de octubre de 2015.

Cristina está impedida por ley a presentarse para un tercer mandado, y el kirchnerismo pone toda la carne en el asador para salvarse de una derrota, que podría ser catastrófica en las circunstancias actuales de escándalo con denuncias de saqueo de las arcas públicas, lavado de activos y un sin fin de acusaciones sostenidas por una oposición enardecida.

 

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