Crecida se acerca a pico récord y la asistencia se resiente

Adriana sostiene una mascota abandonada por su dueño en la disparada hacia los lugares secos. Antes que lástima, los animalitos necesitan comida y abrigo, dijo la activista, tras pedir la colaboración ciudadana para adoptarlos y asegurar así su vida en peligro.

El malestar atmosférico instaló su impronta de preocupación este jueves en la amplia zona ribereña de Asunción, donde decenas de familias se aprestan a dejar sus hogares, apuradas por la crecida del río Paraguay, que se colocó en torno a los 7,73 metros de altura y se desplaza hacia el récord de 8 metros.

Este nivel alcanzaría en los próximos días, a menos que sobrevenga un frente estacionario que, por de pronto, se muestra reticente, expresaron voceros de la Dirección Nacional de Meteorología.

Un factor preponderante para que la situación llegue a niveles extremos son las lluvias persistentes y de magnitud, propias del fenómeno El Niño, que se mantiene sobre el territorio nacional desde agosto, con negras perspectivas para lo que resta del año e incluso el 2016, teniendo en cuenta que mantendría su comportamiento actual hasta junio, según se informó.

En medio de la situación, que se ha tornada crítica, organizaciones civiles han conformado causa común para acercar ayudas a las familias damnificadas, que hasta el momento suman 18.000, según datos de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN).

Brigadas de voluntarios recorren las calles de Asunción y el área metropolitana en busca de alimentos, ropa, calzados, colchones y abrigos, especialmente, que constituyen las necesidades más apremiantes en los campamentos provisorios construidos con materiales de segunda calidad en espacios públicos como unidades militares, plazas e incluso calles.

El Gobierno, a través de voceros, ha manifestado que la situación está bajo control, lo cual significa que dispone de techo y otras prioridades elementales para los inundados, pero muchos opinan lo contrario, en el sentido de que no han visto llegar las ayudas, que se concentran en lugares donde tiene acceso la prensa.

Muchas familias cuyas viviendas quedaron bajo agua se niegan a abandonarlas, por el temor de que sean saqueadas por rapiñeros oportunistas, que según afirman se apropian de cualquier objeto para volver a revenderlo, incluso chapas de zinc utilizadas como techo.

Un detalle no menor es la gran cantidad de mascotas que han sido abandonadas por sus dueños tras la obligatoria mudanza a lugares secos.

Adriana Moreira, dinámica activista civil por los derechos de los animales, cuenta con pesar cómo las mascotas se dejan ver por encima de lo que queda de techo en las zonas inundadas, en busca de socorro o de alimento para saciar el hambre.

Comentó que, antes que lástima, lo que estos seres necesitan son comida y cobijo, por lo cual apela a la sensibilidad de la gente para adoptarlos y, de esa manera, poner fin al sufrimiento y riesgo de vida que tienen en lugares absolutamente inseguros y peligrosos.

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