Coloradismo dividido inyecta oxígeno vital a la oposición

Cartes, el gran perdedor de las recientes municipales, cuando el electorado les pasó a la factura a los intendentables colorados «marcados» de antemano, permitiendo «resucitar» a la debilitada oposición.

El secreto a voces del resquebrajamiento dirigencial colorado ha calado hondo en el ánimo de los republicanos, que no pueden despertar aun de la fuerte paliza propinada por la oposición, que venía de arrastrar un periodo de franco debilitamiento luego de que las principales autoridades representativas dejaron el poder anterior con promesas incumplidas, cajas públicas vacías y cuentas al por mayor.

El maridaje que permitió la aparición en escena de Horacio Cartes para ser ungido presidente de la República después de flirteos de telenovela, flashes de encantamiento mutuo y la esperanza de reivindicación del pueblo postergado, se ha estancado en un punto de separación, a punto del divorcio.

La “unidad granítica”, presentada ante propios y extraños en coloridos actos, se ha quedado en el intento, y hoy día muestra un rostro fatigado como secuela del estrés provocado por el desencuentro.

Cartes, con su proverbial intemperancia –propio de autoritarios- se desliza en una corriente tormentosa, rodeado de espinas.

Como principal autoridad ejecutiva del país, hasta el momento no ha encontrado la fórmula –por decirlo de alguna manera- de articular una dinámica de gobierno que, sin resultados a la vista, instale al menos la sensación de que el postergado desarrollo y bienestar ciudadanos están a la vuelta de la esquina.

Del otro lado, sectores disidentes no paran de tentar mejor suerte con hombres que, de alguna manera, arrastran el estigma de la ineficiencia y la falta de interés político para dejar de lado apetencias personales o sectarias para embarcarse en un proyecto país.

Los abusos de poder y el desprecio a la inteligencia ciudadana precipitaron en el 2008 la ruidosa caída del Partido Colorado, permitiendo la entronización de una coalición opositora.

La amarga experiencia republicana puede repetirse, en un escenario no lejano de posibilidades, precipitado por el cisma dirigencial partidario que puede ser observado a simple vista.

Por el lado de la oposición de turno, está visto que también adolece de los mismos problemas que su histórico adversario, con la suerte de que, en las circunstancias descritas, cualquier candidato a cargo electivo puede cantar victoria con la ayuda del voto castigo a líderes colorados en el poder, entre ellos el propio Cartes, cuestionado por una gestión de gobierno con muchas promesas pero escasos resultados, especialmente en sectores que castigan la sensibilidad ciudadana.

Por todo esto, la oposición ha recobrado aliento vital luego de las últimas elecciones municipales, donde demostró que no solo está viva, sino apuesta de nuevo al poder de la república con fuerza propia y, eventualmente, con la misma suerte que le permitió sacar provecho en el 2008 del desencanto generalizado provocado por la ANR, representado entonces por el nicanorismo.

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