China rompe barreras: importará maíz transgénico

Foto ilustración de una variedad de maíz transgénico, un alimento con defensores y detractores, y fuente de oposición político-ideológica, social e incluso religiosa.

En un hecho impensable hace unos años, China decidió importar una variedad de maíz genéticamente modificada, destinada a la alimentación humana y animal.

Según los reportes, el gigante asiático ha decidido comprar la variedad Agrisure Viptera, producida por la multinacional Syngenta.

Se trata de un alimento que ofrece un excelente control de plagas de insectos que afectan la parte aérea del cultivo.

Syngenta anunció este miércoles haber recibido el certificado de seguridad para su producto Agrisure Viptera (evento MIR 162) por parte de las autoridades regulatorias de China, quienes otorgaron formalmente el permiso de importación.

La aprobación contempla granos y subproductos, tales como granos secos de destilería (DDGs), para alimentación humana y animal.

El evento demandado es un componente clave en las soluciones de control de insectos, que ofrece a los agricultores protección contra un amplio espectro de plagas, permitiendo un significativo aumento del rendimiento del cultivo.

Agrisure Viptera ha sido aprobado para su cultivo en Estados Unidos desde 2010, y fue aprobado para su cultivo en la Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Paraguay y Uruguay.

Además de China, el maíz transgénico en cuestión ha sido aprobado para su importación en Australia, Nueva Zelanda, Bielorrusia, Unión Europea, Indonesia, Japón, Kazajstán, Corea, México, Filipinas, Rusia, Sudáfrica, Taiwán y Vietnam.

Syngenta es una de las compañías líderes mundiales en investigación agrícola, con más de 28.000 empleados en 90 países.

El propósito apunta a incorporar a la vida el potencial de las plantas, aumentando la productividad de los cultivos, protegiendo el medio ambiente y mejorando con ello la salud y la calidad de vida.

Los organismos genéticamente modificados constituyen uno de los principales reclamos de organizaciones ambientalistas y de derechos humanos, en una cruzada que ha ganado adeptos alrededor del mundo, entre ellos corporaciones radicalizadas que han cerrado filas en torno a la cuestión.

El principal cuestionamiento a los OGM o transgénicos es que requieren la utilización de grandes cantidades de agroquímicos o agrotóxicos con poder contaminante, que afectan por igual al suelo (tierra, agua) y aire, afectando de diversa gravedad la calidad de vida.

La oposición radicalizada al uso de los transgénicos ha sido adjuntada a la lucha ideológica socialista, en medio de una guerra de argumentos que por un lado satanizan los OGM y, por otro, destacan sus condiciones y virtudes para la alimentación saludable.

 

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