Cayó el Muro de los Cochinos

El reinicio de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha pintado de color una historia negra que avizora un nuevo orden político con resultados que están por verse. Por de pronto, el mundo celebra.

Después de que la caída del Muro de Berlín precipitara la ignominia de la discriminación y el odio contenido detrás de la ideología separatista, la humanidad no ha experimentado una sensación de emoción y alivio tan significativo como el fin del embargo de Estados Unidos contra Cuba y el reinicio de relaciones interrumpidas por la barrera del pensamiento durante críticos 50 años.

La noticia, que emergió un día impensado para muchos, surgió del gobierno norteamericano, luego de la férrea oposición de exiliados cubanos –que suman millares y ejercen una formidable fuerza política representativa- que observan un escenario gris matizado de diferencias difíciles de superar.

Contra todo pronóstico, el presidente Obama se encaramó del hilo de la historia y adelantó el paso que ninguno de sus predecesores se animó a dar, por alguna razón.

Las sorpresas no terminaron ahí, porque el Gobierno de los Castro ha saludado la decisión de su vecino gigante, que sin mayores detalles decidió levantar el embargo que sumió al país caribeño en medio siglo de necesidades multiplicadas, sin que en ningún momento arriara su reivindicación revolucionaria, en un gesto que la crítica considera bandera de dignidad.

¿Qué se puede esperar del histórico acontecimiento?

Por de pronto, Estados Unidos reabrirá su Embajada, que durante todo este tiempo se ha llenado de telaraña, y restablecerá el comercio y el tránsito, entre otras medidas celebradas por la isla.

Cuba espera el renacimiento del turismo y con ello el ingreso de divisas, vital para levantar su alicaída economía, sustentada por una dictadura que se ha adueñado no solo de conciencias sino de la rutina de vida de los isleños. Todo bajo la bandera de la “revolución”.

Pero Cuba no es solo turismo, habano y autos de colección.

Acorralados en una burbuja herméticamente cerrada, muchos cerebros aguardan la oportunidad de explosionar en el mundo de la competitividad.

Las artes han adquirido un avance notable, así como la ciencia, la investigación, salud y educación, considerados íconos de desarrollo y ejemplo para culturas de extramuro.

Otro ítem valorado con peso propio son los millones de dólares que en adelante podrán girar los exiliados, aunque seguramente con alguna medida proteccionista de Obama que, por de pronto, se ha entusiasmado con la apertura histórica en medio del aplauso de la crítica internacional, en un momento especialmente delicado para la primera potencia mundial por la caída de las reservas monetarias, la histórica deuda fiscal y una economía con vaivenes, apurada por la competencia china, especialmente.

Mientras dura la fiesta, el ajedrez político mueve sus piezas, en un escenario dominado por las dudas.

¿Qué comportamiento tendrá el comunismo?

¿Cómo queda el capitalismo, tildado de “salvaje”, de frente a la oportunidad histórica de hacer negocios, captar ingresos y mejorar el país?

Las preguntas y los interrogantes se acumulan a ambos lados del océano azul que durante tanto tiempo ha visto sufrir e incluso morir gente que buscaba la libertad y experimentado el vuelo secreto de pájaros de hierro trasladando a futuros torturados.

Tantas cosas quedan por hacer, y otras tantas quedarán en el recuerdo de una época imborrable en la historia del mundo contemporáneo.

Por de pronto, el “Muro de los Cochinos” ha caído, como símbolo de una época negra pintada de oprobio que no debe repetirse nunca más.

 

 

 

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