Cartes, en el banquillo de acusados

El Presidente muestra sumisión al guión de gobierno, en medio de una realidad enmarcada por la expectativa, de frente a un año dominado por las promesas de mejoramiento país.

Como pocas veces, un presidente de la República es la principal “figura” de acontecimientos de trascendencia registrados en el país, que incluyen escándalos de todo tipo, inseguridad y corrupción.

Algunos de los hechos más destacados en el 2014 son los siguientes:

1) Aumento del pasaje urbano: Cayó como balde de agua fría sobre la economía de los ciudadanos que apelan a este servicio para el traslado diario, más aun a sabiendas de que –como efectivamente ocurrió- nada cambiará en el sistema de mafia con que opera el transporte público de pasajeros, manejado a nivel de amigos.

2) Economía excluyente: Los declarados superávit fiscales, crecimiento país y saldos de exportaciones récord no se perciben en la calle, ahí donde el ciudadano muestra su poder adquisitivo. Según revistas especializadas, hay en el país 75 multimillonarios que representan el 90 por ciento del Producto Interno Bruto, y una inmensa mayoría que se debate en una rutina de demandas y necesidades.

3) Gigantismo estatal: El Estado sigue engullendo el 78 por ciento del presupuesto general de gastos, y seguirá en ese rumbo en este 2015 porque las previsiones de Hacienda indican que la variable subirá al 80 por ciento, con algunos paños fríos para amortiguar el desangramiento ocasionado por los gastos rígidos.

4) Falta de empleo: Miles de jóvenes recorren las oficinas públicas en busca de trabajo. El Gobierno se ha mantenido firme en su postura de cerrar las puertas a la oferta laboral, en medio de necesidades que buscan ser honradas con una actividad legal, pero se encuentran con la barrera burocrática que sí está abierta para los amigos.

5) Inseguridad: La calle muestra su lado de riesgo, con accidentes de tránsito diarios, robos y asaltos a mano armada. Existe un subregistro que multiplica las cifras oficiales, y exponen en el observatorio público la ausencia del Estado en la vía pública.

6) Desorden y antipatria: El eslogan de “Orden y Patria” de la Policía Nacional ha sido desteñido por la corrupción enraizada en el esquema policial. Agentes involucrados en robos y asaltos, coimas y otro tipo de delitos contaminan la institución, en medio de la impunidad latente y la inseguridad que azota a los contribuyentes.

7) Corrupción en serie: La calidad de país está demostrada por la poca seriedad de las instituciones públicas, muchas de ellas contaminadas de corruptos. El contrabando sigue firme, como hace décadas, sin atinar a bajar los decibeles de dinámica enmarcados por una mafia profundamente enraizada en los altos círculos del poder, con tentáculos en los organismos de control. El derroche de fondos es una constante, como los subsidios otorgados a campesinos empobrecidos para sacarse de encima el peso de la presión política, y las fronteras se han convertido en un colador por donde filtra todo tipo de agentes contaminantes.

8) Terrorismo: El Ejército del Pueblo Paraguayo marca la hoja de ruta del Gobierno, generando un clima de temor colectivo e inseguridad en el sector productivo, especialmente. La política de lucha contra el grupo armado ha fracasado y, las veces que quiere, el EPP hace arrodillar al Estado, que se niega rotunda y sospechosamente a pedir auxilio exterior, como queriendo dar el mensaje de que todo está bien.

9) Narcopolítica: La prensa ha demostrado la vinculación, en diverso grado de protagonismo, de políticos con el narcotráfico, en medio del silencio del Gobierno. La situación ha llegado al extremo de que algunos legisladores tienen antecedentes por tráfico de droga. No existe voluntad política ni alguna otra intención de erradicar ese estado de cosas.

10) Prensa en peligro: El asesinato de Pablo Medina ha demostrado que la actividad periodística no tiene protección. El Gobierno sí ofrece seguridad a los asesinos del comunicador a través de “búsquedas” sin resultado y un discurso cargado de falsedades. Como en los mejores tiempos de la dictadura, la Policía azota a trabajadores de prensa, y el Ejecutivo se encierra en una burbuja alejada de la realidad nacional, mientras el pueblo se debate en medio de precariedades y necesidades multiplicadas por la ausencia del Estado.

 

 

 

 

 

 

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