“Apenas el 1 por ciento de los paraguayos progresa”

“Nuestra enfermedad crónica, la desigualdad, está empeorando de manera intolerablemente injusta. De continuar así, no nos depara ningún futuro y como pueblo no tenemos futuro, salvo el infortunio”, expresa el sociólogo Rodríguez.

“La extrema desigualdad es el rasgo que mejor define nuestro infortunio como nación, como cultura y como sociedad. Vale la pena medirla, estudiarla, difundirla y reaccionar”, afirma el analista José Carlos Rodríguez al hacer una evaluación crítica de la situación que enfrenta el Paraguay, especialmente en los planos económico y social.

Tras calificar de “insoportable” el desnivel de discriminación entre ricos y pobres, el autor sostiene que la desigualdad del país “no solo es posible” sino “se volvió obligatorio”.

A través de la revista Economía y Sociedad, divulgada por el Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), Rodríguez también considera la evolución del ingreso en Paraguay, en el contexto de su opinión sobre la desigualdad.

“Apenas el 1 por ciento de nuestra nación progresa”, expresa el sociólogo.

Añade que, dentro de ese ínfimo grupo, el ingreso por persona, de unos 6 millones de guaraníes en promedio por mes, pasó a cerca de G. 20 millones en el presente siglo.

El siguiente sector, conformado por “los acomodados” (aproximadamente el 9 por ciento de la población total) pasó de un ingreso per cápita de 1.400.000 guaraníes a 4 millones por mes.

“Un empleado doméstico en un país próspero gana un poco más que eso”, observa.

Con respecto a la clase media, Rodríguez dice en la revista de la Cadep que ese 40 por ciento de la población comenzó el siglo XXI con poco más de 400.000 guaraníes de ingreso mensual, y llegó a 1.400.000 guaraníes por mes.

“¡Ni salario mínimo!”, alega el autor.

Al hacer referencia a la clase popular, (50 por ciento de la población paraguaya), indica que vivía con 122.000 guaraníes por mes al inicio del siglo XXI, y hoy día gana casi 500.000 guaraníes por mes. “Ha mejorado, pero estamos hablando del tránsito de un extremo de pobreza a otra pobreza un poco menos extrema”, precisa.

El experto agrega que “todos hemos mejorado nuestros ingresos, pero los más ricos mejoraron mucho más”.

“Eso no es todo lo malo. Habíamos tenido una leve mejoría en los últimos años (2000 al 2013) y volvimos a empeorar en el 2014”, puntualiza.

Rodríguez concluye señalando que “nuestra enfermedad crónica, la desigualdad, está empeorando de manera intolerablemente injusta. De continuar así, no nos depara ningún futuro. En esta orientación, como pueblo, no tenemos futuro. Salvo, el infortunio”.

 

 

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