0 por ciento de crecimiento: Aplazo rotundo del gobierno y grave ofensa a la calidad de vida

Jóvenes llenos de vida y mucho futuro por delante son expulsados a la ilegalidad y los vicios, acuciados por la miseria y la falta de oportunidades. El Gobierno tiene solo discursos para la sociedad herida.

Hace unos pocos años, Paraguay aparecía orgulloso en las revistas económicas y de finanzas internacionales con el país más desarrollado de la región con un índice de 4,5 por ciento de crecimiento anual, despertando admiración de corporaciones internacionales y abriendo generosas puertas a la inversión.

Esa primavera macroeconómica, con impacto en la mediana y pequeña iniciativa, se apagó en un santiamén.

Hoy día, Paraguay ocupa un lastimero último lugar entre las economías latinoamericanas, como señal de la falta de política de Estado eficiente para el desarrollo país, y la ausencia de mecanismos emergentes que puedan hacer frente a la crisis.

Los cantos de sirena, acompañados de perspectivas en positivo destacados por el Gobierno en su primer año de gestión añeteté, han ido perdiendo fuerza para presentarse actualmente apagados, desteñidos, sin eco.

Uno por uno, las acciones de los hombres de Marito se estrellaron.

De esta manera, las exportaciones muestran un perfil alicaído, al igual que las importaciones, víctimas del guaraní fagocitado por un dólar con apreciación uniformemente acelerado que nada deja para la inversión de compra.

Con la carótida financiera en modo ACV, la economía paraguaya se ha desplomado de forma contundente, ante la inminencia de un crash que figura en las previsiones de los agoreros.

¿Qué respuesta ofrece Marito de la gente a este serio cuestionario? Nada.

No existe un plan urgente de reacondicionamiento de fuentes primarias de recaudación y de negocios que puedan, aunque en los papeles, levantar las señales de subdesarrollo.

Los hombres de Marito no están capacitados para vestir la albirroja y calzarse los pantalones trabajando duro para remediar la situación.

Antes bien, ellos se suman en solidaria corporación a la inoperancia y la falta de respuesta a los reclamos del país, sin reparar en las acuciantes necesidades de la gente, que acusa golpes en cadena hasta en sus servicios básicos por culpa de los inútiles que fungen de autoridades.

Grandes empresas de comunicación son contratadas para promocionar al gobierno, que a cambio de millones esquivados a servicios elementales para la población costea propaganda, genera ilusiones y pinta un país que no existe, o que existe abundante solo para ellos, los del poder.

La producción, como fuente generadora de riqueza y posibilidad de vida para millones de paraguayos, está cruzada de brazos aguardando mejores días, mientras el gobierno no para de improvisar y se convierte en un muro de críticas.

El Poder Ejecutivo se encuentra en modo sopor, y las esperanzas de mejoría demoran en llegar.

En vez de convertir las pérdidas en ganancias, y los fracasos en oportunidades (como tanto les gusta decir a retóricos devenidos en coach, de los tantos que abundan en nuestro medio aprovechando el decaimiento generalizado), el gobierno se sucede en discursos: Que esto, que aquello, que somos víctimas de la depresión económica globalizada, y tantos otros sofismas que no solo generan vacía recepción sino colocan a la población en posición de ataque, apurada por las necesidades-precariedades.

Ni hablar en estas circunstancias de salud, educación y seguridad, materias históricamente atrasadas que, con Marito de la gente, muestran la crudeza de su postergación, sometiendo a los “comunes” y manteniendo en la cúspide a un poder omnipotente que se regodea en la abundancia, profundizando la brecha social, la misma utilizada como argumento en países de la región para salir a las calles y violentar las instituciones, atacar la corrupción y demostrar a las autoridades con la fuerza bruta lo que se negaron a interpretar, comprender y ofrecer en su momento en sus cómodas oficinas.

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