Viacrucis de jubilados quedó para la historia con servicio agilizado y atención innovadora

Dr. Carlos Cabral, director de Jubilaciones del IPS. Señalado como funcionario ejemplar por subordinados y asegurados que acuden al servicio. Increíble, pero cierto, en la institución más criticada del país.

Muy atrás quedaron los viejos tiempos en una dependencia específica del Instituto de Previsión Social (IPS), que durante décadas se constituyó en el rostro de vergüenza del seguro social y hoy día presenta un perfil actualizado, con funcionarios debidamente preparados para atender de forma personalizada a la gente y, esencialmente, con una mentalidad renovada, de cara a la demanda cada vez más exigente de servicios dignos y humanizados.

Se trata de la Dirección de Jubilaciones, adonde confluyen diariamente centenares de personas para las tramitaciones vinculadas a este beneficio legal, que durante años se constituyó en un verdadero pandemónium por la burocracia imperante y la corrupción enquistada en toda la cadena de diligenciamiento.

El director de la dependencia, abogado Carlos Cabral, es reconocido por el personal a su cargo, y por las personas que acuden al servicio, como un funcionario meritorio que busca honrar su cargo.

“Es uno de los primeros en llegar y último en retirarse”, expresa un subordinado, tras destacar las virtudes del Dr. Cabral.

“Me causó una grata sorpresa cuando un día, a sala repleta, apareció este señor de entre la multitud y dijo en qué podía ser útil. Enseguida un grupo de personas les dijimos que queríamos ser atendidos sin más demora, y sin dudar nos llevó a su oficina privada, donde hizo de forma rápida los mismos trámites que sus subordinados”, expresó César Andrés Segovia al ser abordado por La Mira.

Otras personas opinaron en el mismo sentido, aunque para el Dr. Cabral el hecho no configura un destaque singular.

“Necesitamos un cambio cultural”, expresa, tras reconocer que el funcionario está para servir a la gente, y servir de la mejor manera, para lo cual necesita una dosis de espíritu de pertenencia.

“En la sociedad, cada quien tiene derechos y obligaciones, pero sabido es que tenemos inclinación solo a reclamar derechos, y por eso se producen muchas veces hechos discordantes”, puntualizó.

“Cuando yo era jovencita, le acompañé a mi papá muchas veces acá para su trámite de jubilación, que le duró más de un año y pudo obtener recién después de contratar una gestora. Ahora le acompaño a mi marido. La primera vez estuvimos menos de dos horas y ahora en media hora ya nos atendieron, diciéndonos que solo debemos venir una vez más para llevar ya la resolución jubilatoria correspondiente”, señaló Justina Vera de Gaona.

Un hecho real y saludable que ocurre precisamente en una de las instituciones más criticadas del país.

 

 

 

 

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