Pueblo marginado por sus autoridades da cátedra de democracia

¿Quién podrá defender nuestros derechos? dice la anciana de 74 años previo a una de las manifestaciones populares contra el servicio de salud. “Nací, crecí y envejecí en este pueblo, y nunca recibí una atención digna en el puesto de salud”, expresó.

“Les aseguro que si ellos se callan, gritarán las piedras”.

El versículo bíblico, que reproduce las palabras de Jesús acerca de la autoridad de sus seguidores, adoptó con el tiempo perfil propio adoptado por las naciones libres que acuñaron esta frase: “Si el pueblo calle, que hablen las piedras”.

Esta fórmula fue utilizada por la comunidad de Nueva Colombia, departamento de Cordillera, 50 kilómetros al noreste de Asunción, para dejar su tradicional estatismo y obediencia a ultranza a las órdenes, abusos y caprichos de sus autoridades y salir a las calles a protestar.

Después de décadas de marginación y postergación indefinida de sus derechos humanos consagrados por leyes universales, como el derecho a la salud, se pusieron pantalones largos y lanzan dedos acusadores contra la estructura de poder.

La acusación confluye en un mismo punto: Falta de ambulancia para el traslado urgente de pacientes críticos, falta de médicos para reforzar el trabajo de una única doctora que debe multiplicar sus fuerzas para absorber la gran demanda; y falta de medicamentos, especialmente para niños y personas vulnerables.

No piden nada más.

Se trata de un reclamo antiguo, repetido hasta el cansancio a los oídos de autoridades que asumen la condición de sordas en el momento que los ecos del grito popular llegan hasta ellos.

Nadie interviene, salvo para pedir votos, ahora que están en época proselitista con vistas a las próximas elecciones municipales.

Ocasionalmente, la población es convocada para ver cómo los caballos de carrera de sus autoridades compiten por muchos guaraníes en el hipódromo municipal, construido para satisfacer la timba de un pequeño grupo de privilegiados, mientras el puesto de salud se mantiene cerrado a partir de la media tarde y la noche, a más de sábados, domingos y feriados.

En Nueva Colombia, el sistema de salud solo permite enfermarse o accidentarse o tener hijos en horario de oficina.

Los pacientes, que adquieren la condición de víctimas, deben hacer malabarismos para conseguir atención en pueblos aledaños fuera del tiempo establecido en el puesto sanitario, que según las quejas limita su servicio a las consultas limitadas y algunos medicamentos que conforman su anémica farmacia.

En una actitud propia del poder omnímodo y todopoderoso practicado en otras épocas, los que salen a las calles a protestar son acusados de locos, subversivos y malos ciudadanos.

Sin embargo, la fuerza del pueblo unido puede más, y en un hecho histórico las autoridades se han rendido a los pies de la gente, que está decidida a hacer respetar sus derechos, ofreciendo ante propios y extraños una cátedra de democracia para recordar que el poder debe ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 

 

 

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