Por culpa del Gobierno, el pueblo es obligado a convivir con el terror

La liberación de Wiebe, con nula intervención de la FTC, genera alegría, por un lado, pero extiende la preocupación por la terrible impunidad del grupo armado que lo secuestró, mientras continúa la ausencia del Estado en el Norte.

La libertad de Franz Wiebe significa un enorme alivio para el sufrido país, que celebra el fin de 214 días de vía crucis para el joven menonita, pero la situación abre nuevamente una vieja herida para el pueblo paraguayo, que sumergido en la inseguridad es obligado a convivir con el terror, en este caso el ilegal Ejército del Pueblo Paraguayo.

El grupo criminal señalado como brazo armado del negocio del narcotráfico en Paraguay se pasea orondamente en territorio liberado plagado de agentes que conforman la Fuerza de Tarea Conjunta con personal militar, de la Policía y antinarcóticos.

Dotados de equipos y armas de primer nivel, los denominados “súper agentes” demuestran en los hechos que de nada sirven, salvo para succionar millonarios recursos presupuestarios del Estado ausente.

De acuerdo a los datos, en todo este tiempo Wiebe se encontraba a pocos kilómetros de la zona donde fue secuestrado, y que según la propaganda oficial se encontraba “barrido” por la FTC, lo cual hacía dormir con aparente calma a muchos pobladores de la región.

Sin embargo, la libertad del muchacho menonita hace pisar nuevamente tierra a la gente, que se aprieta la cabeza al saber que convive con el EPP.

En medio de este estado de cosas, salta a la vista la indefensión en que se encuentran, en un mismo plano, productores, agricultores (como Wiebe), empresarios, y personas que no tienen ningún tipo de “causal” de secuestro.

El Gobierno, mientras tanto, está profundamente concentrado en la hoja de ruta de la pelea por la enmienda para lograr el rekutú, postergando indefinidamente el clamor generalizado de erradicar al EPP.

Mientras esto ocurre, sucesivos comandantes de la FTC, antes que diagramar estrategias de lucha, deberán elegir un pretexto para tratar de explicar un nuevo caso de inseguridad, llámese secuestro, asalto, abigeato e invasión de propiedad privada en zonas del interior.

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