Paraguay, con el indigno estatus de único país con secuestrados

Todo el dolor contenido en el abrazo de los padres de Franz. “¿Quién será el siguiente?”, afirman indignados que critican la inacción y falta de voluntad del gobierno para terminar con los secuestros.

Edelio Morínigo: 841 días

Abrahán Fehr: 442 días

Franz Wiebe: 88 días

Félix Urbieta: 10 días

Esta es la carta de presentación del Paraguay en materia de secuestros, que forma parte del combo de hechos que delegan el tema de seguridad nacional a un nivel escandaloso de postergación y sumerge a la población paraguaya a un estado de estrés permanente que, como síntoma directo, afecta el estado de ánimo, las emociones y sensaciones, genera temor e instala desconfianza, entre tantos otros males.

Mientras todo esto sucede, el Gobierno nada hace para revertir el estado de cosas, que se mantiene inalterable a pesar de los reclamos.

Entre los sectores afectados figuran los menonitas, ciudadanos caracterizados por un paradigma de conducta pública único, y cuyo aporte al desarrollo nacional es innegable.

Dos miembros de esa colectividad de gente trabajadora han sido arrancados del seno comunitario y familiar, dejando una impronta de terror que los mismos tratan de asimilar espiritualmente, mientras aguardan sentados que el gobierno responda a sus clamores.

De Edelio nada se sabe. Ni siquiera si sus camaradas policías están haciendo algo para rescatarle y devolverle con vida a los suyos.

El ganadero Félix Urbieta cumple este sábado 10 días en poder de sus captores, que piden 500.000 dólares a cambio de una libertad enajenada en un país donde pugnan en las alturas la ilegalidad y la producción.

Se dice que el Gobierno ha creado una fuerza especial para la lucha contra el ilegal Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), pero en la práctica es como si tal unidad de élite no existiera.

Una prueba concreta es que parte del territorio del norte del Paraguay está bajo autoridad y dominio de la banda criminal, que actúa a placer y marca la hoja de ruta del Ejecutivo, que como toda respuesta ofrece excusas, como el hecho de que rastrear a tontas y locas a los terroristas pondría en juego la vida de los cautivos.

“La vida de los soldados corre peligro”, llegó a decir en su momento el cuestionado ministro del Interior, Francisco De Vargas, quien maneja el tema al ritmo de sofismas y una dialéctica cargada de falacias.

“¿Y ahora quién?”, señalaron productores concepcioneros luego de enterarse del secuestro de Urbieta, descargando en sus expresiones todo el sinsabor de la impotencia de saber que mañana le puede tocar a uno de ellos y, lo peor, que con el estado de cosas actual no tienen ninguna seguridad de que el Gobierno hará algo para rescatarles.

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