Nuevo presidente del Paraguay proclama conciliación para poder gobernar

Marito quiere reeditar este abrazo con tono republicano creado para la foto en instancias proselitistas. Alegre ha mantenido siempre una postura crítica hacia el oficialismo. (Foto: Radio Ñandutí).

En tono comedido, el presidente electo del Paraguay, Mario Abdo Benítez, se dirigió a la ciudadanía nacional para pedir la conciliación general en busca de gobernabilidad.

Rodeado de miles de adherentes que a tempranas horas tiñeron de rojo la sede de la ANR en el centro de Asunción, Marito (como es conocido popularmente) dijo que luego de las elecciones quedaron atrás las rencillas y tiroteos verbales con la oposición, y que el camino a seguir apunta a mejorar el país.

El hijo del ex referente stronista homónimo, en ningún momento hizo mención de aspectos vitales de la dinámica nacional que necesitan atención de urgencia, como salud, educación, seguridad y trabajo para todos.

Tampoco se acordó del EPP, de la corrupción empotrada en las instancias de poder, la impunidad campante de agentes de gobierno y aduaneros, la casi nula oferta de puestos laborales para millares de manos de obra ociosa, la asimetría odiosa entre el círculo de opulencia y los sectores vulnerables, los desplazados económicos, los migrantes, etc.

Marito sí reconoció en un amplio pasaje de su improvisado discurso a su familia y su entorno político por el esfuerzo realizado para llegar al sillón de los López, que del relajo inicial propiciado por empresas encuestadoras que le daban ganador por amplísimo margen, acabó pidiendo ¡hora! cuando los guarismos caían en picada, hasta situarse en un infartante 3 por ciento de diferencia potencial.

A muchos no pasó desapercibido el escaso poder dialéctico y recursos de oratoria demostrados por el nuevo presidente, y otros hicieron notar, en contrapartida, la capacidad discursiva del candidato aliancista que, según opinaron, estaba cargada de veneno y demagogia divisionista, que se extendió durante toda la campaña.

 

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