“Mexicanización” es posible si el Gobierno sigue ninguneando al narcotráfico

Armas encontradas en el lugar del crimen de la alcaldesa, similar a las utilizadas por narcos del Paraguay, que hace tiempo mantienen parte del control del país y ponen en grave riesgo la seguridad nacional, mientras las autoridades ningunean la amenaza.

Está muy fresca en la consideración pública mexicana el asesinato, hace unos días, de Gisela Mota, alcaldesa de Temixco, como supuesta víctima de la pelea que libran hace años bandas organizadas de narcotraficantes y otros tipos de criminales que han convertido a la localidad azteca en un nido de delincuentes.

Los marginales actúan a la sombra de la ley y de la cuestionada seguridad de policías, muchos de ellos vinculados con los antisociales.

Temixco, ubicado a 90 kilómetros de la capital mexicana, es uno de los municipios con mayor índice de delincuencia común y organizada del país, y está asolado por bandas criminales dedicadas al narcotráfico, secuestro y extorsión, con la connivencia de autoridades locales. 

Una de esas bandas es el cártel Guerreros Unidos, acusado del asesinato de 43 estudiantes en el vecino estado de Guerrero, en setiembre de 2014.

El famoso exfutbolista Cuauhtémoc Blanco, alcalde electo de Cuernavaca, en una medida inédita suspendió la intervención de policías en la seguridad de la zona, conocida como centro turístico.

El relato sucinto de lo que sucede en el país norteño debería motivar a la reflexión de las autoridades paraguayas, en el sentido de observar y analizar las consecuencias de la inseguridad para establecer mecanismos internos que ayuden a solucionar el flagelo.

El informe de gestión 2015 de la Secretaría Nacional Antidrogas expresa que en el transcurso de ese año fueron decomisados más de 2.200 kilos de cocaína y cantidades enormes de marihuana, que se sumaron a la incautación de millares de dosis de drogas sintéticas, todo lo cual constituye señal clara de cómo el negocio del narcotráfico se ha consolidado en el Paraguay, que figura en el primer lugar de países productores de cannabis.

De acuerdo a los datos, por cada unidad de droga que es incautada, al menos 10 veces más logra cruzar la frontera, donde el control aéreo solo figura en las declaraciones de las autoridades y los puestos terrestres son considerados bastiones de corrupción.

En este estado de cosas, sumado a la ineficacia de la Justicia, el Ministerio Público y las fuerzas policiales-militares, no debería extrañar que el negocio de la droga se extienda imparable, colocando en situación de peligro la seguridad nacional por el protagonismo de un gobierno consecuente y obsecuente con el flagelo, de lo cual se puede deducir que la “mexicanización” del Paraguay no es una utopía sino una posibilidad latente.

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