“Más fuerte que la foto es la desgracia de no haber prevenido esa muerte”

El pequeño Aylan reposa sin vida al costado del mar, en medio del dolor de una imagen impactante que recorrió el mundo y fue justificada por Derechos Humanos Internacional al expresar que mucho más censurable es que nadie hizo nada para evitar la tragedia.

La imagen patética y profundamente dolorosa del niño sirio ahogado sin haber conocido la vida motivó la reacción de millones de personas, que lamentan la viralización de una fotografía por demás conmovedora que hubiera sido mejor ocultarla.

“Mucho más fuerte que la fotografía es el desprecio de los gobiernos por la vida, y que nadie haya hecho nada para prevenir su muerte”, dijo Peter Bouckaert, directivo del observatorio internacional de Derechos Humanos, tras poner en la balanza la oleada de indignación y apuntar al fondo lamentable de los hechos que precipitaron uno de los casos más comentados de los últimos tiempos.

El protagonista principal de la epopeya familiar es Aylan Kurdi, de 3 años de edad, quien fue encontrado muerto en la orilla del mar en Turquía mientras huia con sus padres rumbo a la libertad procedente de su originaria Siria, a bordo de un bote sobrecargado que no pudo sostener a flote las ansias precipitadas de familias hastiadas del terror de la guerra.

Muchos culpan de la suerte del pequeño a las brigadas de mercaderes de refugiados que rebosaron con 15 familias un pequeño bote para 5 familias.

Otros señalan con dedos acusadores a los sistemas de seguridad pública de Turquía y Grecia, por permitir el acceso y traslado de los expulsados de la guerra sin agotar instancias de seguridad y derecho a la vida, a pesar de invertir millones de euros en prioridades igualmente vitales como alimentación y salud.

El miedo al futuro ha obligado a millones de sirios a buscar otros horizontes, entre ellos la familia Kurdi, que con la esperanza a cuestas y unos euros de “peaje” a la mafia que maneja los traslados, emprendió el espinoso camino lejos de la guerra con un destino cruel que atacó desde el fondo del mar y terminó de un zarpazo con la libertad.

Aquí terminó el viaje y comenzó el escándalo, que generó indignación y pena a lo ancho del orbe, en un escenario escalofriante donde el protagonista de la historia descansaba aun tibio a orillas del mar voraz, como disfrutando de una libertad que nunca conoció.

En otras plataformas comienzan a barajar “en sucio” posibilidades de mejorar el estado de cosas con el tema de los refugiados, mientras plateas copetudas -como la ONU- se convierten en simples espectadoras, convirtiéndose en cómplices -por omisión e inacción- de las desgracias de millones de seres humanos víctimas de la guerra y las injusticias, como el pequeño Aylan, que se ha convertido en el niño más amado del mundo.

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