Lista negra de países más corruptos deshonra a Paraguay

La corrupción permea todos los estratos de poder de la República. En la gráfica, agentes dispuestos a controlar un camión. A nadie extrañaría que la operación terminara en coima.

Por cuarta vez consecutiva, en un lapso de 16 años, Paraguay ocupa el segundo lugar entre los países más corruptos de América Latina, revela un estudio de Transparencia Internacional que se hace eco de variables e indicadores acerca del sistema de implementación de justicia, el nivel de delincuencia y criminalidad y, esencialmente, la impunidad.

La organización internacional revela el secreto a voces del que se hacen eco medios periodísticos, en un país donde la prensa ejerce, al mismo tiempo, el papel de investigador y denunciante, debido a la ineficacia y parsimonia de las autoridades encargadas de perseguir, identificar y poner en manos de la ley los casos sospechados de delitos.

Sin embargo, la justicia paraguaya, lejos de cumplir con la Constitución Nacional en lo que respecta a la distribución rápida, justa y equitativa de justicia, se ha empeñado en todos años a repartir injusticia.

“En Paraguay, tener dinero es un gran aliado”, señalaron indignados sociales el martes, después de ser divulgado masivamente por los medios de prensa el resultado de seis años de proceso penal contra once ex administradores de Aduanas sorprendidos in fraganti entregando graciosamente dinero para “la corona”.

Todos los imputados en el caso “maletineros” fueron liberados de culpa y pena, y lograron la libertad plena mediante una controvertida y repudiada sentencia que muchos interpretaron como una secuela de la lógica procedimental que impera campante en el ámbito de la justicia paraguaya.

Ejemplos como este sobran y abundan en el Paraguay, pequeño país con poco más de 406.000 kilómetros cuadrados de superficie y 7 millones de habitantes.

Cuando se creía que la caída de la dictadura iba a ser acompañada del derrumbe de la corrupción salvaje empotrada en el círculo de la función pública -y, por extensión, a todo el sistema de iniciativa privada que, gustoso, se ha sumado a las mieles de la transa y el negociado- se concluye que estos 26 años de gobiernos “democráticos” no le van en zaga en cuanto a bandidaje, bajo sus más diversas y variadas opciones.

Colorados, liberales, izquierdistas, militares, empresarios, ex periodistas, ex obispos, médicos, se han sucedido en el cargo de Presidente de la República, y todos a una han fracasado en el ¿intento? de derribar la corrupción.

Antes bien, se han plegado a una caterva de aduladores y financistas de campañas electorales que, llegada la hora, reclaman su cuota de “poder”, esto es, carta blanca para ganar licitaciones, ocupar cargos públicos y hacer vito con los recursos del Estado.

A pesar de que queda mucho aun para las próximas elecciones generales del 2018, sería importante para la ciudadanía instalar conciencia acerca del futuro que le deparan a la sociedad y al país si se sigue eligiendo autoridades únicamente respaldadas por su abundante dinero, dejando de lado infinitamente virtudes y cualidades que el país reclama a gritos, entre ellas la honestidad y transparencia.

No debe seguir considerándose la función pública como el trampolín ideal o la fórmula perfecta para el enriquecimiento prematuro, sin importar para nada el servicio ciudadano, sector eternamente postergado en la práctica pero idealizado con letras doradas en vísperas de elecciones.

Mientras no cambie este estado de cosas, el país no logrará salir de la lista negra de países corruptos sino, más bien, seguirá demostrando en los hechos que está grandes esfuerzos para consagrarse campeón mundial en corrupción.

 

 

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