Izquierda latinoamericana agoniza en medio del descontento popular

El ideal de una Latinoamérica unida y consolidada por la unidad popular preconizada por el Che Guevara se ha quedado en el molde, debido a sucesivos reveses de líderes de la izquierda involucrados en abusos de poder y corrupción, que han impactado en una mala calidad de vida y futuro incierto en la región.

Sucesivos reveses políticos, con fuerte impacto en la economía y con ello en la descompensación de la calidad de vida de la gente, han marcado el derrotero de la izquierda en Latinoamérica, que hoy día agoniza de la mano de líderes discutidos, envueltos en escándalos de corrupción.

Lejos del ideal doctrinario de cambio en las estructuras de gobierno para lograr la soñada igualdad social, la justa distribución de la riqueza y el desarrollo colectivo basado en el esfuerzo compartido, la izquierda arrastra un derrotero tapizado de errores.

El sofisma y la dialéctica triunfalista practicados con genial interpretación por Hugo Chávez en Venezuela se mantuvieron vivos en el mismo plazo que el líder plantado a los pies de los Castro también estaba vivo.

La fuerza del chavismo tuvo réplicas inmediatas en otros países de la región, como Ecuador, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, y en menor medida en Chile y Perú.

La entente revolucionaria generada en el Cono Sur de repente se extendió y subió a estrados no alcanzados en ningún otro escenario mundial, consolidándose a la luz del populismo y un discurso cargado de dialéctica en positivo, con una causa enormemente común y un enemigo único a vencer: el capitalismo, instalado en la vereda de enfrente.

En el mejor momento de la izquierda presentada como socialismo bolivariano, se escondió el sol.

Uno a uno, como el dominó, los reinados fueron perdiendo fuerza por el involucramiento de sus líderes en sonados casos de abusos de poder, con la corrupción golpeando a las puertas.

Los gigantes Brasil y Argentina dieron el puntapié inicial luego de que Cristina Kirchner y Dilma Rousseff saltaran en las primeras planas como involucradas en delitos económicos.

En los demás países camaradas la situación no fue mejor.

Se cuenta que Mujica dejó a Uruguay con una economía descomprimida, Correa sume a Ecuador en un descontento social mayúsculo, Chile enfrenta la reacción popular a las medidas de ajustes del gobierno de Bachelet, y la otrora pudiente Venezuela pasa sus días en medio de necesidades, pobreza histórica, inseguridad, inflación imparable, cero impulso a la inversión, abuso de poder, corrupción rampante y calidad de vida por el suelo, de la mano de Maduro.

De esta manera, todos los líderes izquierdistas latinoamericanos (inclusive en la Nicaragua de Ortega, tildada de dictadura), están con severos problemas, en medio de un escenario impregnado de discursos de contenido meramente ideológico, que de ninguna manera ofrecen solución a los graves problemas populares.

Cuba mantiene su matriz castrista, considerada como la dictadura más antigua del mundo, donde la iniciativa privada está maniatada y sujeta a los dictados del régimen, y una economía que, a pesar de la apertura política hacia el mundo exterior, no termina de ofrecer guarismos triunfalistas que no se compadecen de una realidad donde incluso la comida tiene el sello de la “revolución”.

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