Hurras y repudio en aniversario de Stroessner

Alfredo Stroessner significó para muchos un verdadero dolor de cabeza con su gobierno dictatorial, y para otros fue la pieza perfecta para la consolidación del poder y el rápido enriquecimiento por la vía de la corrupción.

Este 3 de noviembre se recuerdan 102 años del nacimiento de Alfredo Stroessner, considerado en vida el dictador más antiguo de América que condujo las riendas del Paraguay con mano de hierro e instaló una de las dictaduras más sangrientas que significó el destierro de 200.000 paraguayos y la muerte de 7.000 opositores, sumado a un sistema de opresión y represión que mantuvo de rodillas al país, por un lado, mientras sus obsecuentes se enriquecían con los recursos públicos.

Para muchos, Stroessner significa muerte, dolor, persecución, censura e injusticia, y para otros, incluso quienes se mantuvieron alejados de sus delirios mesiánicos, representó el factor de cambio en Paraguay, que venía de arrastrar en 1954 –año de la toma del poder tras un golpe de Estado- una situación de pobreza y atraso históricos.

Ahupado por el Partido Colorado tras reclutar como bastión estratégico a la Policía y las Fuerzas Armadas, gobernó durante 35 años, lapso en el cual desarrolló muchas obras de progreso que, a la postre, no tuvieron réplica en cuanto a cantidad y trascendencia en los sucesivos gobiernos, como tres grandes represas hidroeléctricas, Palacio de Justicia, rutas, hospitales, escuelas, sumado a una moneda estable y un sistema productivo sólido.

Al mismo tiempo, se desarrolló un esquema de corrupción que abrió a los llamados stronistas el grifo de los recursos estatales, creando nuevos ricos a costa de un pueblo empobrecido que era alimentado a diario con proclamas patrióticas que llamaban a la obediencia apuntando a un enemigo común: el comunismo.

Los movimientos de oposición eran sistemáticamente anulados.

La prensa censurada era conminada a acatar los dictados del buró político-militar, en medio de un creciente descontento que, con el paso de los años, instaló conciencia crítica acerca de la necesidad de sacarse de encima el peso de un sistema cargado de oprobio y desvergüenza.

Stroessner cayó presa de su propio infortunio tras ser traicionado por su amigo y compadre Andrés Rodríguez, huyendo hacia el destierro que el mismo instaló como “política de Estado” con miles de inocentes que pensaban distinto.

Murió en Brasil el 6 de agosto de 1993, sin ser juzgado ni condenado por sus crímenes, en medio de la soledad y el abandono, quebrantados ocasionalmente por familiares cercanos.

A 21 años de su fallecimiento, continúa en la polémica con muchos defensores y detractores.

El Partido Colorado le sigue rindiendo pleitesía en la sombra, mientras la Justicia y el sistema de gobierno no terminan por quitarse de encima vicios heredados como el pokarê y el popinda, con potentados unidos en fraternal mancomunión y pobres expulsados de la cadena de riqueza, en un escenario de profunda asimetría donde coexisten paraguayos de primera y de segunda.

Leyendas como “Yo era feliz pero no lo sabía” volvieron a aparecer este lunes en las calles de Asunción, aludiendo a una supuesta época dorada con el stronismo que los críticos endilgan a la obsecuencia sin límites practicado por los seguidores del polémico general.

 

 

 

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